El turismo, afectado
Sin queroseno y bajo la sombra de "unas consecuencias catastróficas": la guerra amenaza los vuelos y acelera el cambio energético
Los detalles El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, pone cifras al problema y es que incluso en el mejor de los escenarios, harán falta entre 14 y 15 semanas para recuperar la normalidad.
Resumen IA supervisado
La crisis del combustible, intensificada por el conflicto en Irán, está afectando a Europa, especialmente al transporte aéreo, que depende en gran medida del queroseno del Golfo Pérsico. Según Bruselas, sin una vuelta a la normalidad, las consecuencias podrían ser catastróficas. Repsol estima que se necesitarán entre 14 y 15 semanas para estabilizar la situación, a pesar de la liberación de reservas estratégicas. Las restricciones de combustible ya han llevado a la cancelación de vuelos y al racionamiento en aeropuertos. La Unión Europea estudia medidas como la compra conjunta de combustible y la promoción de alternativas al transporte aéreo, como el tren. La crisis también impulsa la transición energética hacia vehículos eléctricos, que, aunque enfrentan desafíos como el tiempo de recarga, prometen ser una opción más sostenible y rentable.
* Resumen supervisado por periodistas.
El problema de combustible comienza a ser, cada día más, una realidad. Tras el comienzo de la guerra en Irán, el impacto fue extendiéndose desde los países del Golfo y podría llegar a afectar directamente a millones de europeos. Ya sea al comprar un billete de avión para las vacaciones o al pagar más por viajar, la crisis energética derivada del conflicto iraní con Estados Unidos e Israel empieza a notarse en el aire.
La advertencia es clara. Desde Bruselas, el comisario europeo de Transportes lo califica sin rodeos: sin una vuelta a la normalidad en la navegación aérea, "las consecuencias serán catastróficas" y no es una exageración: el 43% del queroseno que utilizan los aviones en Europa pasa por el Golfo Pérsico, una de las zonas más tensionadas del planeta en estos momentos.
Por su parte, el consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, pone cifras al problema, incluso en el mejor de los escenarios, harán falta entre 14 y 15 semanas para recuperar la normalidad. Parte del margen actual se explica por una medida excepcional, la liberación de unos 400 millones de barriles de reservas estratégicas, la mayor de la historia, según Víctor Burguete, investigador senior de CIDOB.
"Se ha ganado un mes o mes y medio", explican los expertos. Después, el escenario puede complicarse aún más. A medida que se agoten las reservas, algunos países podrían optar por guardar el combustible para su propio consumo en lugar de venderlo en el mercado internacional, lo que aumentaría la tensión global.
Menos vuelos, más caros
Las primeras consecuencias ya están aquí. En distintas partes del mundo comienzan a aparecer restricciones de combustible, como en Italia, donde algunos aeropuertos han tenido que racionar el queroseno. Varias aerolíneas han empezado a cancelar vuelos ante el aumento de costes y si la situación se prolonga, el impacto será aún mayor, el de menos combustible disponible y precios más altos.
Ante este escenario, la Unión Europea ya estudia medidas como la compra conjunta de combustible para garantizar el suministro, pero la crisis no solo afecta al corto plazo. También está acelerando un debate que ya estaba sobre la mesa, el futuro del transporte.
Entre otras medidas, se plantea reducir los vuelos de corta distancia, especialmente en trayectos donde existe una alternativa ferroviaria eficiente, como la ruta de Barcelona a Madrid, que podría dejar de tener sentido frente al tren.
Miguel Otero, investigador principal del Real Instituto Elcano, dice que "algo que se viene barajando es que suban los impuestos para esos trayectos": "Por lo tanto, no se elimina ese vuelo y no se prohíbe a la gente que vuele, pero entendiendo que vuelan los que se lo pueden permitir, que tiene un coste ambiental y por lo tanto que tienen que contribuir más a las arcas públicas porque es un privilegio el poder viajar en avión en distancias cortas".
En paralelo, la crisis está impulsando la transición energética, es decir, electrificar el transporte ya no es solo una cuestión medioambiental, sino también estratégica. Mario lleva más de 20 años conduciendo camiones. Siempre con diésel. Cuando le propusieron pasarse a un camión eléctrico, dudó.
"Al principio fue raro, pero funciona muy bien", explica, a lo que añade que su camión tiene una autonomía de más de 500 kilómetros y puede transportar hasta 25 toneladas sin problemas. El principal obstáculo no es el precio, sino el tiempo de recarga, unas dos horas de media.
Ahora, los fabricantes ya trabajan en sistemas de carga ultrarrápida que podrían reducir ese tiempo a un tercio. Mientras, en China, se desarrollan baterías capaces de alcanzar los 1.500 kilómetros de autonomía y recargarse en apenas minutos.
Para empresas de transporte como la de Juan Sánchez, director general del Grupo Disfrimur, el cambio empieza a ser rentable: "El tema es el precio del gasoil, que es el que marca la competitividad con el vehículo alternativo eléctrico. En la electricidad se comporta de una forma más plana en el precio, además se produce en España y es en gran parte de origen renovable". La electricidad, en cambio, tiene un comportamiento más estable, se produce en España y cada vez procede más de fuentes renovables.
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