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popularización de las redes sociales

Si las fake news parecían un problema grave en Facebook, tenemos una mala noticia sobre WhatsApp

Las fake news son uno de los grandes problemas que han surgido en los últimos años. Una de las externalidades que han aparecido con el avance tecnológico y la democratización de los dispositivos y del acceso a Internet, así como de la popularización de las redes sociales.

WhatsApp Pexels

Hasta ahora han estado centradas en Facebook como plataforma principal donde han proliferado, con consecuencias como la desinformación a la hora de votar en unas elecciones, consumir, tomar medidas de prevención, etc.

Desde Facebook han intentado tomar medidas y han hecho públicos anuncios sobre sus cifras de moderadores de la plataforma, de cómo funciona el algoritmo que se encarga de reducir su alcance si detecta que son noticias falsificadas, etc.

No obstante, el problema está haciéndose mucho más grande a medida que pasa a otra plataforma, también propiedad de Facebook, y en la que intervenir es, por su propia arquitectura, mucho más complicado: WhatsApp.

La llegada de las fake news a WhatsApp puede tener consecuencias fatales en la medida en que son cadenas de información que se difunden sin control, sin estar verificadas por nadie, y encontrarse en una plataforma totalmente masificada. Un terrible ejemplo está en el linchamiento de inmigrantes rumanos en París a manos de turbas de vecinos que actuaron alertadas por… una cadena de mensajes falsa.

Una cadena de mensajes creada explícitamente para crear temor y alerta social entre la comunidad, con el deseo de que los inmigrantes rumanos fuesen considerados como una amenaza para la seguridad con la que hay que terminar antes de que ellos lo hagan con los nativos.

Esa cadena alertaba de la existencia de una furgoneta con tres rumanos a bordo que iba buscando niños a los que secuestrar, con el fin de practicar el proxenetismo con ellos y venderlos a mafias que se encargasen de prostituirlos por dinero.

Nada de eso era cierto. La policía francesa ha desmentido esto, e incluso ha solicitado a la ciudadanía que no comparta falsa información ni incite a la violencia, como hacía esa cadena que ha tenido consecuencias terribles. “Vinieron con palos y bidones de gasolina y nos dijeron que iban a matar delante de nuestros hijos”, dijo uno de los agredidos sobre el ataque.

No es el primer episodio como este al que tiene que enfrentarse Facebook: en el pasado fue acusada de jugar un papel clave en la propagación de discursos de odio en Myanmar, considerando que funcionaba como un altavoz sin control para el discurso homófobo por parte del ejército birmano. Todo en un contexto en el que 650.000 rohingyas tuvieron que huir a Bangladesh.

Aquello ocurrió con Facebook, que no deja de ser una plataforma en la que la compañía tiene acceso a toda la información que circula por ella. WhatsApp, al menos en teoría y salvo que Facebook haya mentido sobre esto, tiene un nivel de seguridad mayor y cifrado de punta a punta que hace virtualmente imposible controlar los mensajes que circulan por chats privados y grupos.

En WhatsApp ocurrió también la tragedia de México, cuando dos hombres fueron quemados vivos por una muchedumbre enfurecida y motivada por otra falsa cadena de WhatsApp, que los hacía responsables del secuestro de algunos niños. Por supuesto, también era mentira, y así fue como estos dos trabajadores inocentes acabaron asesinados.

Un estudio de la empresa Simple Lógica junto a la Universidad Complutense de Madrid publicó que el 60% de los españoles creen saber distinguir bulos, pero en la práctica tan solo el 14% es capaz de hacerlo. En la comparativa europea salimos bastante mal parados: somos los europeos que más se creen los bulos, según una encuesta de Ipsos Global Advisor en 27 países.

A estos problemas en WhatsApp se une otro importante: es prácticamente imposible seguir el rastro de una cadena hasta dar con su autor original, lo cual complica las labores de búsqueda y procesamiento de los responsables de estas cadenas que pueden inducir a la violencia o tratar de desinformar a la población con fines concretos.

El consejo más elemental es estar alerta frente a informaciones alarmistas o que no podamos corroborar en varios medios, así como buscar a fuentes policiales o gubernamentales que puedan confirmar lo que nos ha llegado. También es importante ser extremadamente cautelosos frente a los mensajes que tengan en su trasfondo inducir a la violencia o al odio.

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