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DESCANSA EN PAZ
La científica británica revolucionó la primatología al demostrar que los chimpancés usan herramientas, sienten emociones y viven en sociedades complejas.
La primatóloga Jane Goodall ha fallecido este 1 de octubre a los 91 años por causas naturales, tal y como ha informado en sus redes sociales el instituto que lleva su nombre y que ella misma fundó en 1977 con el objetivo de promover la protección de los ecosistemas y la biodiversidad. Su nombre ya era sinónimo de ciencia, esperanza y defensa de la naturaleza.
Jane nació en 1934 en Londres y desde niña sintió una enorme fascinación por los animales y por África, algo que la impulsó más tarde. En 1957 conoció al paleontólogo Louis Leakey en Kenia. Él creyó en ella y le ofreció la oportunidad de estudiar chimpancés.
En 1960, sin formación académica formal pero con una enorme pasión, viajó a la actual Tanzania para estudiar a los chimpancés salvajes en el Parque Nacional de Gombe. Allí, durante años de observación paciente, descubrió que los chimpancés fabricaban y usaban herramientas, cazaban en grupo, mostraban emociones complejas y mantenían relaciones sociales ricas, con afecto, conflictos y hasta guerras entre comunidades.
Goodall rompió moldes no solo por sus hallazgos, sino por su forma de trabajar: se negó a numerar a los chimpancés, dándoles nombres propios porque veía en cada uno una personalidad única.
En 1977 fundó el Jane Goodall Institute, que mantiene proyectos de conservación y santuarios de chimpancés. Más tarde lanzó Roots & Shoots, un programa juvenil presente en más de 60 países, que inspira a millones de jóvenes a actuar por el planeta.
Fue Mensajera de la Paz de la ONU, Dama del Imperio Británico y recibió numerosos premios internacionales, incluido el Premio Templeton y la Medalla Presidencial de la Libertad de Estados Unidos.
Goodall nunca dejó de viajar, dar conferencias y transmitir un mensaje: cada acción cuenta. En un mundo marcado por la crisis climática y la pérdida de biodiversidad, su vida nos recuerda que la ciencia y la compasión pueden caminar juntas.
Su muerte deja un legado vivo: el de una mujer que enseñó que al observar a los chimpancés, en realidad nos estábamos mirando a nosotros mismos.