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VUELTA A CASA
Durante varios minutos críticos, las comunicaciones con la nave pueden interrumpirse.
La misión Artemis IIse prepara para vivir su fase más peligrosa y espectacular: el amerizaje en la Tierra. Tras completar su viaje alrededor de la Luna, la nave Orion inicia un descenso que recuerda, en muchos aspectos, a la entrada de un meteorito en la atmósfera terrestre. Como ha advertido el astronauta Victor Glover, "vamos a atravesar la atmósfera en una bola de fuego".
Al penetrar en la atmósfera a velocidades cercanas a los 40.000 kilómetros por hora, la cápsula no "arde" por el aire en sí, sino por un fenómeno físico clave: el rozamiento extremo con las partículas atmosféricas comprime y calienta el aire a su alrededor hasta generar temperaturas de varios miles de grados. Desde el exterior, el efecto es impactante: la nave queda envuelta en una brillante bola de plasma incandescente, similar a la estela de fuego de un meteorito atravesando el cielo.
Para sobrevivir a este infierno térmico, Orion cuenta con un avanzado escudo térmico diseñado para soportar temperaturas de hasta unos 3.000 grados Celsius. Este escudo no solo resiste el calor, sino que lo disipa gradualmente mediante un proceso llamado ablación: el material se va desgastando de forma controlada, llevándose consigo parte del calor y evitando que el interior de la cápsula se sobrecaliente.
Durante varios minutos críticos, las comunicaciones con la nave pueden interrumpirse debido al plasma que la rodea, generando un "apagón" temporal. Es uno de los momentos de mayor tensión para los equipos en Tierra, que deben confiar plenamente en la ingeniería de la nave.
Una vez superada la fase más violenta de la reentrada, la velocidad comienza a reducirse drásticamente. Es entonces cuando entra en juego otro sistema esencial: los paracaídas. Primero se despliegan pequeños paracaídas piloto para estabilizar la cápsula, seguidos de paracaídas de frenado y, finalmente, tres grandes paracaídas principales que reducen la velocidad hasta permitir un descenso controlado.
El último tramo del viaje culmina con el amerizaje en el océano Pacífico, donde la cápsula impacta suavemente contra el agua. Equipos de recuperación esperan en la zona para asegurar la nave y rescatar a la tripulación.
Este complejo proceso, que combina física extrema y tecnología de vanguardia, convierte el regreso de Artemis II en uno de los momentos más delicados de toda la misión.