ESTUDIO CIENTÍFICO

Los casos de esclerosis múltiple se duplican, pero las tasas de supervivencia mejoran

A nivel global se diagnostica un nuevo caso cada cinco minutos.

NeuronasSinc

Durante décadas, la esclerosis múltiple ha sido una enfermedad envuelta en incertidumbre. No solo por su origen (un sistema inmunitario que, por razones aún no del todo claras, ataca al propio sistema nervioso), sino también por su evolución imprevisible. Puede comenzar con un hormigueo leve, una visión borrosa o una debilidad pasajera en una pierna, y transformarse con el tiempo en una condición que altera profundamente la vida de quien la padece.

La esclerosis múltiple, conocida como EM, afecta al cerebro y a la médula espinal, dañando la mielina, la capa que recubre las fibras nerviosas y permite que los impulsos eléctricos viajen con rapidez. Cuando esa capa se deteriora, la comunicación entre el cerebro y el cuerpo se vuelve errática. Los síntomas son tan diversos como las áreas afectadas: desde problemas motores hasta alteraciones cognitivas o visuales. La mayoría de los diagnósticos se producen entre los 20 y los 50 años, aunque la enfermedad puede empezar a gestarse mucho antes, en silencio.

A escala global, se estima que más de 2,8 millones de personas viven con esclerosis múltiple, lo que significa que, cada cinco minutos, se realiza un nuevo diagnóstico. En España, las cifras rondan los 55.000 casos, con una incidencia creciente en las últimas décadas. Parte de este aumento se explica por una mejor capacidad diagnóstica, pero también por un fenómeno menos intuitivo: las personas con EM viven más tiempo que antes.

Ese cambio es precisamente el núcleo de un nuevo estudio, publicado en Jama Neurology por expertos de University College y el Imperial College, ambos en Londres, que ofrece una imagen más compleja y también más esperanzadora, de la enfermedad.

Analizando más de 30 años de datos sanitarios en Inglaterra, los autores, liderados por Olga Ciccarelli, han observado que la prevalencia de la esclerosis múltiple se ha más que duplicado entre 2000 y 2020, pasando de 107 a 232 casos por cada 100.000 personas. Traducido en cifras absolutas, eso supone alrededor de 131.000 personas afectadas en 2020 y una proyección cercana a las 190.000 en la actualidad.

El dato, por sí solo, podría interpretarse como una mala noticia. Pero encierra una paradoja: no es que la enfermedad esté creciendo únicamente en términos de nuevos casos, sino que quienes la padecen sobreviven más tiempo. La EM ya no es, en muchos casos, una sentencia de deterioro acelerado, sino una condición crónica con la que se puede convivir durante décadas.

"Las personas con esclerosis múltiple viven más que nunca - señala Ciccarelli -. Gracias a una mejor atención, terapias modificadoras de la enfermedad y diagnósticos más tempranos, pero todavía queda mucho por hacer".

Esa mejora en la supervivencia es uno de los hallazgos más relevantes del estudio. Los pacientes diagnosticados en los años más recientes presentan una mayor probabilidad de alcanzar edades avanzadas, con tasas de mortalidad anual más bajas que en décadas anteriores. La medicina ha logrado ralentizar el curso de la enfermedad, reducir la frecuencia de los brotes y, en muchos casos, preservar durante más tiempo la calidad de vida.

Sin embargo, el progreso no es uniforme. El mismo análisis revela una fractura silenciosa: las desigualdades sociales siguen marcando el destino de los pacientes. La mortalidad es mayor en las zonas más desfavorecidas, mientras que la prevalencia registrada es más alta en las áreas con mejores condiciones socioeconómicas. Lejos de ser una contradicción, este patrón sugiere que en los entornos más vulnerables la enfermedad está infradiagnosticada y peor tratada.

"El esfuerzo por mejorar el diagnóstico precoz debe centrarse especialmente en los grupos socioeconómicamente desfavorecidos – añade Raffaele Palladino, coautor del estudio -. Son quienes enfrentan mayores barreras para acceder al diagnóstico y al tratamiento".

A esto se suman factores modificables que influyen directamente en la evolución de la enfermedad. El tabaquismo y la obesidad, más prevalentes en contextos vulnerables, se asocian con peores resultados clínicos. No se trata solo de una cuestión médica, sino también social.

"Dejar de fumar y mantener un peso saludable se asocian con una menor mortalidad - confirma Ciccarelli -. Abordar estos factores, junto con las desigualdades en el acceso a la atención, podría reducir muertes evitables y ayudar a que las personas con EM vivan más tiempo y mejor".

El estudio también aporta una lección más amplia sobre cómo cambian las enfermedades cuando cambia la medicina. A medida que mejoran los tratamientos, las enfermedades dejan de medirse solo en términos de incidencia y pasan a evaluarse también por su supervivencia. La esclerosis múltiple, en ese sentido, está dejando de ser una enfermedad rara y devastadora para convertirse en una condición más visible, más diagnosticada y, sobre todo, más vivida.

Pero ese avance plantea nuevos desafíos. Más pacientes viviendo más años implica también una mayor carga para los sistemas sanitarios, más necesidad de seguimiento a largo plazo y una atención más personalizada. "Es alentador ver mejoras en la esperanza de vida – concluye Catherine Godbold, coautora del estudio-, pero necesitamos un acceso más consistente al diagnóstico, tratamiento y apoyo para que todas las personas con EM, independientemente de sus circunstancias, puedan vivir bien".

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