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REIRSE SOBRE UNO MISMO TE HACE MÁS FELIZ

El chiste que te haces sobre lo desastre que eres es signo de bienestar mental no de baja autoestima

Todos conocemos a alguien que en algún momento ha tuiteado un #foreveralone después de una desastrosa cita en Tinder. O un #epicfail para subir una foto de su comida calcinada después de casi quemar la cocina. En el universo 2.0 sería el típico amigo cuya vida es un sketch constante, capaz de reírse de sí mismo en todo momento. Pues este sujeto aparentemente desafortunado es objetivamente más feliz que tú, según un estudio.

Pixabay Ironizar sobre uno mismo no es indicador de baja autoestima, sino marcador de bienestar mental.

Científicos del Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC) de la Universidad de Granada llevan años investigando el funcionamiento del humor como elemento de integración social. Y acaban de publicar un estudio en la revista Personality and Individual Differences para desvelar el secreto de las personas irónicas.

No están tristes ni tienen baja autoestima; al contrario. Puede que usen su visión humorística para regular otras emociones, como la ira y el enfado, o incluso que utilicen un humor blanco o social para generar confianza y conseguir sus propios objetivos. Pero sobre todo sus bromas son un indicador de bienestar mental o felicidad.

Humor adaptativo o negativo

“Nuestra investigación permite diferenciar distintas tendencias en el comportamiento relativas al uso habitual del humor, que pueden dividirse, a su vez, en humor “adaptativo” o “perjudicial”. No podemos hacer una radiografía del humor por regiones… como qué tipo de humor tienen los gallegos o los catalanes, porque no lo hemos investigado. Pero sí encontramos matices culturales y diferencias entre el humor español y el de otros países”, apunta Hugo Carretero, coordinador del estudio.

Precisamente, en esa misma línea, coinciden investigaciones anteriores (como esta que compara la humorística española con la estadounidense) donde se nos identificaba con el “humor de afrontamiento” y este a su vez con el bienestar mental. Nos podrá ir mal, sí, pero a alguien se le ocurrirá un chiste al respecto.

En el estudio de la Universidad de Granada participaron 1.068 personas de entre 18 y 65 años, que respondieron al análisis psicométrico del llamado 'Cuestionario de Estilos de Humor' (HSQ, por sus siglas en inglés). Según este cuestionario, el humor se puede usar de forma intrapersonal (para liberar estrés) o interpersonal (para relacionarse con los otros, superar conflictos o estrechar lazos). Y al mismo tiempo se divide entre una actitud negativa o positiva.

Así podemos catalogar la actitud humorística como “humor afiliativo” (el amigo que cuenta chistes y facilita las relaciones), “humor de auto-afirmación” (el sujeto que se toma a broma las situaciones de estrés o conflictos, como estrategia de afrontamiento), “humor agresivo” (más que ironía llega a sarcasmo y manipulación del otro a través del ridículo) y “humor de autodescalifcación”, que hasta ahora se relacionaba con una baja autoestima, pero que en realidad se relaciona con un mejor control de emociones como el enfado.

El humor de cada país dependerá no solo de la personalidad de sus ciudadanos, sino de cómo se estructura su sociedad y su política: si cada vez que alguien ironiza en redes sociales en España sube el pan… en países asiáticos de regímenes autoritarios directamente ni se atreven a pronunciar “Saben aquel que diu”.

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