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UN FÁRMACO LANZADO HACE 50 AÑOS

Depakine: los terribles efectos de uno de los antiepilépticos más usados

En Francia el escándalo del Depakine ha ido en aumento en los últimos años y muchas voces ya definen al medicamento como la “talidomida del siglo XXI”.

Medicamentos julen en Flickr bajo licencia CC

La talidomina, un medicamento que se comercializó entre 1957 y 1963 para combatir las náuseas durante el embarazo, provocó una gran cantidad de nacimientos con graves malformaciones y un escándalo de enormes proporciones para las autoridades y los organismos de vigilancia farmacológicos.

Parece que la historia se está repitiendo con el Depakine (ácido valproico), un fármaco que, desde hace décadas, se prescribe a epilépticos. Según estimaciones hechas por las autoridades francesas en verano del año pasado, este ha podido provocar en ese país hasta 4100 casos de malformaciones en fetos expuestos al medicamento durante el embarazo. Su comercialización comenzó en 1967, por lo que la cifra, tanto en el país galo como en otros, puede ser mucho más alta.

El medicamento, cuyo compuesto también se prescribe para el trastorno bipolar e incluso para las migrañas, puede ser el culpable de hasta veintiséis tipos de alteraciones neurológicas, como la espina bífida o autismo, en recién nacidos. En Francia ya no se prescribe en embarazadas epilépticas, “a no ser que fallen todos los demás tratamientos”. En el número de marzo de 'Butlletí Groc', que se publica desde 1988, se recogen todos los datos y evidencias de los que se disponen hasta ahora sobre el Depakine.

“Una pastilla que atraviesa tu día a día”

Los efectos del Depakine no se reducen a los graves problemas que provoca en mujeres embarazadas, porque el día a día de muchos usuarios también se ha visto en algunas ocasiones terriblemente alterado.

Raquel, diagnosticada de epilepsia a los 14 años, tomó el medicamento en diferentes dosis durante cuatro años, al tiempo que le abrieron historial médico en neurología y psiquiatría. En las peores épocas llevó a tomar 1500 mg al día de Depakine en distintas pastillas, pero los primeros efectos que recuerda de la medicación los sintió de inmediato. “Lo primero fue la subida de peso. Estaba inflada. Podría asegurar que pesaba 20 kilos más de lo normal o, al menos, esa era mi sensación. Eso era lo visible y lo que una adolescente como yo más sufría”, comenta la afectada.

Sin embargo, había cosas peores: “tenía somnolencia, no podía apenas subir las escaleras ni hacer nada de ejercicio físico sin sentir una fatiga verdaderamente pesada para alguien de mi edad. Además, me subió el colesterol por las nubes y, al parecer, estaba haciendo papilla mis riñones, aunque de esto me enteré a través de mi madre. Con el tiempo empecé a perder memoria...”, añade Raquel.

Durante el período que la paciente utilizó el medicamento sufrió una depresión grave. “Asumo que fue fruto de la enfermedad y su deriva, pero considero que tomar medicación que también se usa para tratar la bipolaridad y, a la vez, las convulsiones, no creo que ayudase a estabilizar mis estados de ánimo”. Cuestionada sobre si recibió alguna advertencia de algún especialista, Raquel afirma que siempre tenía la sensación de que el Depakine era “algo inevitable” que los neurólogos “intentaban reducir, pero no quitar”.

A los 18 años empezó a utilizar un medicamento nuevo de tratamiento, Keppra, y a reducir progresivamente la dosis de Depakine, hasta su total eliminación. “Bajé de peso y mi colesterol se estabilizó. Curiosamente me dieron el alta en psiquiatría. Me sentía muchísimo mejor y mis ataques se estabilizaron un poco más en el tiempo”.

Raquel comenta que, leyendo 'Ausencias', un cómic en el que Ramón Rodríguez cuenta sus pérdidas de memoria y ausencias a causa de la epilepsia y el tratamiento, se “emocionó un montón”. Y es que, según ella, “en sus páginas aparecía el Depakine como lo que era: una pastilla inevitable que atravesaba tu día a día.