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“HUM... ESTA CRÍA NO PARECE MÍA”

Las extrañas parejas en el mundo animal

La necesidad o el interés hace extraños compañeros de viaje en el mundo animal. Detrás de las imágenes de animales adoptando crías de otra especie hay cierta ternura, pero también instinto maternal insatisfecho. O quizá una especie de piedad puntual ante los huérfanos que no podemos explicar.

Leona y cría de babuino Evan Schiller

Los casos de adopción en la misma especie animal (no humana) nos suelen sorprender, acostumbrados como estamos a ver en documentales la otra cara de la moneda: robos de crías, asesinatos para eliminar la competencia y superpoblación o el infanticidio propio de los machos para provocar el celo de las hembras.

El altruismo desinteresado no es exclusivo del ser humano: los chimpancés adoptan a crías huérfanas para completar su desarrollo y que se integren con normalidad en la comunidad, según un estudio publicado en 'PloS One'. Los cuidadores eran machos en algunas ocasiones y las crías no tenían por qué tener relación de parentesco para ser acogidas por unos nuevos padres.

Ya decíamos que estamos tan cerca de los primates que no podemos presumir de muchos comportamientos que creemos que son exclusivos nuestros.

Esta situación también sucede con otras especies. Sirvan solamente tres ejemplos bien estudiados por los científicos, por tierra, mar y aire: los canguros admiten en su marsupial a crías huérfanas si han perdido a las suyas, las cigüeñas admiten a polluelos extraños en sus nidos y las hembras de elefantes marinos son muy propensas a adoptar huérfanos.

Amistades inexplicables

La maternidad o el deseo de conservación de la especie son dos motivos fundamentales para que se produzcan las tres escenas anteriores, pero existen muchos casos en los que el adoptante y el adoptado son de distinta especie.

Atención: si veis el siguiente vídeo completo es como si tomarais una bolsa entera de caramelos o vierais 'Amelie' con vuestra pareja durante el primer mes de noviazgo:

¡Ay, no hay nada como el amor de madre!

Muchos de los casos de “extrañas parejas” tienen lugar entre animales domésticos o que viven en cautividad, tal como recoge el libro de fotografías 'Unlikely friendships', de Jennifer Holland.

Son casos muy extremos y presentados en imágenes muy perfectas ante nuestros ojos, pero sirven muy bien para ilustrar nuestra historia de extrañas parejas ¿Qué pintan juntos un hámster y una culebra? ¿O un elefante y una oveja? ¿O un perro y un búho? Parece una película de Disney pero son imágenes publicadas bajo el auspicio de 'National Geographic'.

Dentro de un experimento estrictamente científico se encuentra la bonita historia de Koko, un gorila que se comunica mediante lenguaje de signos. Durante muchos años ha cuidado de muchos gatos con mucha dedicación y hasta ha llegado a lamentar la pérdida de uno de ellos, tal como se ve en este vídeo:

En cautividad... y también en la vida salvaje

"Morará el lobo con el cordero y el leopardo con el cabrito se acostará...”, reza un texto bíblico del profeta Isaías. Aunque es cierto que estos comportamientos inusuales son más complicados de registrar en la vida salvaje, donde los animales tienen menos tiempo para estas “actitudes adorables” que tanto gustan a los humanos, algunos ejemplos hay.

Es el caso de una leona y una hembra de leopardo, que han protagonizado dos de los casos filmados más impactantes. Ambas mataron a una hembra de babuino, pero después de ver que tenía una cría tuvieron piedad de ella e incluso la protegieron. Las imágenes lo dicen todo:

Otro ejemplo de amistades imposibles: unos biólogos filmaron cerca de las Islas Azores a un grupo de cachalotes adoptando a un delfín con la columna vertebral deformada, tal como recogió 'Sciencemag'. Probablemente el pobre cetáceo no estaba bien integrado con sus congéneres, ya que no podía nadar con rapidez. ¡Y encontró una familia más tranquila!

La necesidad hace extraños compañeros de viaje, como decíamos al principio. Y un viaje de unos 14 meses es el que emprendió un pequeño mono tití (500 gramos de peso) con un grupo de capuchinos (entre 3 y 4 kilos) en la reserva natural de Boa Vista (Brasil).

El pequeñajo se integró perfectamente en su nueva familia, alternando entre dos hembras que ejercían como madres, a pesar de que ambas razas tengan hábitos alimentarios y de crianza muy diferentes, tal como recogió 'American Journal of Primatology'.

El tití participaba perfectamente a los hábitos y asimiló la forma de comunicación de los capuchinos. Y sus nuevos hermanitos tenían bastante cuidado con no darle con mucha fuerza mientras jugaban, ya que era bastante más pequeño que ellos... ¡Eso si que es tener una buena familia adoptiva!