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DE PROFESIÓN, CANGURO

El hombre que se convirtió en “mamá canguro”

La carretera Stuart cruza Australia de norte a sur y tiene unos 3.000 kilómetros de recorrido, atravesando un vasto desierto. En ella mueren o quedan malheridos muchos canguros, la mayoría de las veces con crías en su marsupio. Pero muchos se salvan gracias a Brolga, también conocido como 'Canguro Dundee' gracias a una serie de la BBC.

Este australiano rescata y cuida a canguros en Australia The Kangaroo Sanctuary in Alice Springs

Son las 4.00 p.m en una caseta sin agua corriente -y mucho menos caliente- en pleno corazón de Australia, cerca de Alice Springs. Un hombre de más de cuarenta años y 1,90 metros de estatura se levanta de su cama y empieza a preparar unos cuantos biberones, una operación que repetirá cada cuatro horas.

En lo que difiere esta escena familiar de la de muchos padres, además de en las condiciones de vida, es en que Chris Barnes (conocido como 'Brolga') ejerce de “mamá canguro” desde hace veinte años, cuando decidió abandonar una vida más cómoda por cuidar de estos animales en situación de orfandad.

Los cuidados y la atención que necesitan los pequeños marsupiales son tantos que él mismo se llama “madre” y no “padre”, ya que prácticamente sustituye a sus madres biológicas: necesitan seis tomas de leche al día y ser transportados en unas fundas de almohada de tela que sustituyen artificialmente al marsupio de su madre.

¿Pero qué ha pasado con las mamás? Muchas han sido atropelladas por los vehículos que recorren la autopista que atraviesa el desierto australiano y Brolga se dedica a patrullar la zona y a rescatar a los canguros adultos que están heridos o a cuidar de las pequeñas crías que se quedan dentro de su bolsa mientras su madre agoniza.

Para cuidados veterinarios avanzados Brolga tiene que desplazarse a la ciudad con el mismo 'jeep' con el que recorre el asfalto buscando canguros que acoger en su santuario. Lo construyó después de ayudar a tres canguros, cuando tenía veinte años, y darse cuenta de que no estaban en condiciones de regresar a la naturaleza.

Sin ayuda de nadie estuvo trabajando durante dos años en construir un espacio donde poder alojar a los animales que rescataba, un recinto grande y protegido de depredadores por vallas metálicas. Como no tenía suficiente dinero tuvo que compatibilizarlo con otros trabajos.

Aunque el lugar no tiene ninguna comodidad para un humano lo importante para Brolga es que los canguros estén cómodos, en caso de que tengan que quedarse si no pueden regresar a la vida salvaje.

Tantos años viviendo de esta forma tan peculiar han hecho que la gente que le conoce le llame “loco” o “ermitaño” y que no haya podido disfrutar de una vida normal, aunque ha conocido a los canguros mejor que a él mismo.

Sí, puede parecer un poco loco cuando empieza a lanzar gritos para llamar al grupo de canguros que vive permanentemente en su terreno, o cuando comparte saliva con los marsupiales como haría una buena mamá canguro, pero ver su cariño y su esfuerzo es algo que conmueve.

Un esfuerzo que se ha visto recompensado con la fama, gracias a una serie de documentales rodados por la BBC y que le han convertido en un personaje muy querido. Tanto que está recibiendo muchas visitas organizadas para conocer su labor y, sobre todo, muchos donativos con los que espera construir un hospital para canguros atropellados.

Un éxito totalmente merecido del hombre que cuando era niño adoraba a Skippy, un canguro que enamoró a los peques australianos como en otros lugares lo hicieron el perro Lassie o la orca Willy. Pero... ¿por qué canguros y no otros animales?

El mismo Brolga lo cuenta en una entrevista: “Me gustan los canguros porque son muy diferentes a otros animales. Me encanta mirar a los bebés en la bolsa y observar todo el amor que la madre le da a su bebé. También me paso el rato viéndoles correr, ya que son atletas increíbles”.

¿Quién no querría un canguro (humano) así en su vida?