ENTREVISTA

Eduardo García Llama, ingeniero de la NASA: "Los momentos más peligrosos de Artemis II serán el lanzamiento y la reentrada"

El experto español detalla los riesgos, objetivos y claves de una misión histórica que busca no solo regresar a la Luna, sino establecer una presencia humana permanente.

Han pasado más de cinco décadas desde la última vez que un ser humano viajó a la Luna. La misión Artemis II quiere cambiar eso. Será el primer vuelo tripulado del programa Artemis y, aunque no aterrizará en la superficie lunar, supone un paso decisivo hacia el regreso permanente de la humanidad a nuestro satélite.

"Hace más de 50 años que no hay ningún ser humano que viaje a la Luna", recuerda Eduardo García Llama, jefe de controladores de vuelo de ingeniería en el Centro Espacial Johnson de la NASA. "La última vez fue en el Apolo 17, en 1972". (Puedes ver la entrevista completa en el vídeo de arriba).

Un paso más allá del programa Apolo

A diferencia del histórico programa Programa Apolo, cuyo objetivo era llegar a la Luna, Artemis busca algo más ambicioso: quedarse.

"El objetivo ahora es tener una presencia humana permanente en la Luna", explica García Llama. "Apolo fue el primer paso. Nosotros queremos ir más allá".

Para lograrlo, la misión actual no incluye alunizaje. No es un paso atrás, sino parte de una estrategia progresiva. "Todos los programas espaciales se construyen en bloques", señala. "En Artemis II probamos sistemas que solo pueden validarse con tripulación, como el soporte vital o el control manual de la nave".

Una misión para probarlo todo

Durante los diez días de viaje, los astronautas a bordo de la nave Orion ejecutarán múltiples pruebas clave.

Entre ellas destaca una especialmente importante: el control manual de la nave en el espacio. "Se va a demostrar la capacidad del piloto para maniobrar Orion en operaciones de aproximación", explica el ingeniero. Estas maniobras son esenciales para futuras misiones en las que será necesario acoplarse a otras naves en órbita lunar.

Pero no es lo único. También se evaluarán sistemas críticos como el soporte vital o la navegación en espacio profundo, fundamentales para misiones más complejas.

Los momentos más críticos

Aunque la misión está cuidadosamente planificada, hay fases especialmente delicadas. "Los momentos más peligrosos son siempre el lanzamiento y la reentrada", advierte García Llama. "Estás controlando una especie de bomba y, al volver, la nave sufre un estrés térmico enorme".

A estos se suma otro instante clave: la inyección translunar, cuando la nave enciende su motor principal para dirigirse hacia la Luna. "Es el momento en el que realmente comprometes a la tripulación a una misión de larga duración", explica.

También habrá un punto de incertidumbre cuando la nave pase por la cara oculta de la Luna. Durante ese tiempo, de unos 30 a 40 minutos, no habrá comunicación con la Tierra.

La Luna como ensayo para Marte

Más allá de la propia misión, Artemis II forma parte de una estrategia a largo plazo: llegar a Marte.

"La Luna es el campo de pruebas ideal", señala el ingeniero. "Una misión a Marte es muchísimo más compleja. Está miles de veces más lejos que la órbita terrestre y requiere que la tripulación sea autosuficiente durante meses".

Por eso, establecer una presencia estable en la Luna permitirá probar tecnologías y sistemas que serán imprescindibles en el futuro.

Miles de personas detrás de la misión

Detrás de Artemis II hay un enorme equipo humano. "Estamos hablando de miles de personas", explica García Llama, desde ingenieros hasta equipos de control de misión que trabajan en turnos continuos.

Su papel, en concreto, es clave en situaciones críticas: "Si surge una crisis en vuelo, es nuestra responsabilidad dar respuesta".

Próximos pasos

Si todo sale según lo previsto, el siguiente gran hito será el regreso a la superficie lunar. "La primera misión de alunizaje está prevista para 2028", apunta.

En cuanto a Marte, aún no hay fechas. "Tienen que pasar muchas cosas antes. Es imposible predecirlo", reconoce.

Un paso decisivo

Artemis II no llevará astronautas a la superficie lunar, pero sí marcará el camino para hacerlo. Y, como resume García Llama, su éxito será clave: si todo sale bien, el programa seguirá adelante tal y como está previsto.

El regreso a la Luna (y algún día a Marte) depende de ello.

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