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VARIABLE INVISIBLE
Un estudio ha analizado casi 100.000 estudiantes entre 2006 y 2020 para llegar a esta conclusión.
Cada primavera, millones de personas en España no solo esperan el buen tiempo. También saben que llega el momento del picor de ojos, la congestión nasal y esa niebla mental que acompaña a las alergias estacionales. Según datos de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica, alrededor del 30% de la población española padece rinitis alérgica, y entre adolescentes la prevalencia es aún mayor.
La rinitis alérgica no es simplemente "un poco de moqueo". Diversos estudios han mostrado que afecta negativamente al sueño, incrementa la fatiga, altera el estado de ánimo y reduce la concentración. Esto se debe a que el sistema inmunitario activa una respuesta inflamatoria que repercute en nuestro cuerpo y mente. ¿La consecuencia? Pensar con claridad puede volverse más difícil.
Ahora, un estudio publicado en Journal of Epidemiology & Community Health añade una pieza inesperada al rompecabezas: el polen en el aire podría estar influyendo en las notas de los exámenes finales de los estudiantes de instituto.
Los autores, liderados por Marko Korhonen de la Universidad de Oulu, Finlandia, analizaron los resultados de 92.280 estudiantes que realizaron el examen nacional de matriculación en las áreas metropolitanas de Helsinki y Turku, en Finlandia, entre 2006 y 2020. En total, se examinaron 156.059 calificaciones en asignaturas como lengua, historia, matemáticas, física y química.
Al mismo tiempo, recopilaron los recuentos diarios de polen de aliso y avellano (las únicas especies que liberan polen en Finlandia durante el periodo de los exámenes de primavera), expresados en granos por metro cúbico de aire. También controlaron variables como temperatura, contaminación atmosférica y lluvia.
El resultado fue llamativo: las notas descendían en los días con presencia de polen, tanto en niveles bajos como altos, dibujando una curva en forma de U respecto a los días sin polen en el aire.
Un aumento ambiental de solo 10 granos de polen de aliso por metro cúbico se asoció con una reducción media de 0,042 puntos en la nota (sobre una escala de 0 a 66). En el caso del avellano, la caída alcanzó los 0,17 puntos por cada incremento de 10 granos. Puede parecer una diferencia mínima, pero en exámenes competitivos, donde décimas separan el acceso a determinadas carreras universitarias, estas variaciones pueden tener consecuencias reales.
El efecto era especialmente evidente en asignaturas que requieren mayor precisión y concentración, como matemáticas, física y química. Según el equipo de Korhonen, estas materias exigen un nivel de atención sostenida más alto, lo que podría hacerlas más sensibles a síntomas como congestión, dolor de cabeza o falta de sueño.
Además, el descenso en las notas se mantenía, e incluso aumentaba, tras ajustar estadísticamente por temperatura, contaminación y precipitaciones. Es decir, el polen parecía tener un efecto independiente.
Hay que tener en cuenta que el estudio es observacional, por lo que no puede demostrar una relación directa de causa y efecto. Tampoco se disponía de datos individuales sobre qué estudiantes eran alérgicos. Sin embargo, aproximadamente uno de cada cinco adolescentes padece rinitis alérgica, señalan el estudio, lo que sugiere que buena parte del descenso podría explicarse por síntomas en estudiantes sensibles.
En otras palabras, el aire que respiramos en primavera podría estar introduciendo una variable invisible en el rendimiento académico. El hallazgo abre una pregunta incómoda: ¿están todos los estudiantes compitiendo en igualdad de condiciones si algunos están rindiendo bajo un pico de polinización?
"Desde la perspectiva de los estudios superiores y el empleo, es importante ser consciente de que la exposición al polen puede afectar el éxito en los exámenes – concluye el estudio -. Para crear condiciones de rendimiento más equitativas, debemos encontrar soluciones para reducir la exposición al polen y sus efectos nocivos (p. ej., programar exámenes fuera de la temporada de polen), mejorar la preparación (p. ej., información más precisa y accesible sobre el polen) o iniciar la medicación de forma oportuna (p. ej., concienciar a los profesionales sanitarios y a las personas alérgicas al polen)".
Si estas medidas son factibles, ya es otro tema, pero el impacto parece real y, teniendo en cuenta que se trata de un efecto en la salud, descartarlo a la ligera sin pensar en el impacto futuro que tiene en los estudiantes, puede no ser lo más adecuado. ¿La solución? Al igual que granos microscópicos (el polen) afectan a miles de personas, también lo hacen variaciones "microscópicas" en los exámenes. Y es algo que hay que reconocer.