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ESTUDIO REALIZADO EN LA UNIVERSIDAD DE CALIFORNIA (LOS ÁNGELES)

Nuestras emociones no se sitúan en el corazón, sino en el intestino

Un equipo de investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles (EE. UU.) ha identificado la microbiota intestinal que interactúa con las regiones del cerebro asociadas con el estado de ánimo y el comportamiento. Esta es la primera vez en la que las diferencias conductuales y neurobiológicas han sido asociadas con la composición microbiana en seres humanos sanos. Por ello, hay que dejar de situar las emociones en el corazón y dirigirlas hacia nuestro intestino.

Las emociones están en el intestino Pixabay

Las interacciones cerebro-intestino-microbiota pueden desempeñar un papel importante en la salud y el comportamiento humanos, esta es la principal conclusión del nuevo estudio, del que en investigaciones anteriores ya se había sugerido que la microbiota, una comunidad de microorganismos en el intestino, podía influir en el comportamiento y las emociones.

Los experimentos con ratones han demostrado los efectos de la microbiota intestinal sobre los comportamientos emocionales y sociales, como la ansiedad y la depresión. Había, sin embargo, poca evidencia de estos extremos en los seres humanos.

Para este estudio, los científicos buscaron identificar las características cerebrales y conductuales de mujeres sanas agrupadas por perfiles de microbiota intestinal. Así, 40 mujeres suministraron muestras fecales para su perfil y se realizaron pruebas de imágenes de resonancia magnética de sus cerebros mientras veían fotos de individuos, actividades o cosas que evocaban respuestas emocionales.

Al contrario de lo que se cree, las emociones no están en el corazón | Pixabay

Las mujeres fueron divididas según su composición de bacterias intestinales en dos grupos: 33 tenían más de una bacteria llamada Bacteroides; en las 7 restantes predominaba la bacteria Prevotella.

El grupo de mujeres con Bacteroides mostró mayor espesor de la materia gris en la corteza frontal y la ínsula, regiones cerebrales involucradas en el procesamiento complejo de la información. También tenían volúmenes más grandes del hipocampo, una región implicada en el procesamiento de la memoria.

El grupo de Prevotella, por el contrario, mostró más conexiones entre las regiones emocionales, atencionales y sensoriales del cerebro y volúmenes inferiores del cerebro en varias regiones, como el hipocampo. El hipocampo de este grupo de participantes fue menos activo al ver imágenes negativas o tristes. También presentaron niveles más altos de sentimientos negativos como ansiedad, angustia e irritabilidad, tras contemplar las mismas fotos con imágenes negativas que el grupo Bacteroides.

Estos resultados apoyan el concepto de interacciones cerebro-intestino-microbiota en humanos sanos. Los investigadores desconocen aún si las bacterias del intestino influyen en el desarrollo del cerebro y su actividad cuando este se topa con un contenido emocional desagradable, o si las diferencias existentes en el cerebro influyen en el tipo de bacterias que residen en el intestino. Ambas posibilidades, sin embargo, podrían conducir a cambios importantes sobre nuestra comprensión respecto a las emociones humanas.

El estudio ha sido publicado por la revista Psychosomatic Medicine: Journal of Behavioral Medicine.

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