SÍNTOMAS Y CONTAGIO
Qué es la bacteria carnívora que preocupa este verano: ¿es seguro bañarse en el Mediterráneo?
El aumento de la temperatura del mar favorece la expansión de esta bacteria, aunque los expertos insisten en que el riesgo para la población sana sigue siendo muy bajo. Te contamos los detalles.
El aumento de la temperatura del mar Mediterráneo está favoreciendo la expansión estacional de bacterias del género Vibrio, entre ellas Vibrio vulnificus, conocida popularmente como la "bacteria come carne". Aunque algunos informes europeos alertan de que el calentamiento del agua crea condiciones más favorables para su proliferación, los expertos explican que bañarse en el Mediterráneo sigue siendo seguro para la población sana y el riesgo es muy bajo.
La preocupación surge a raíz de informes del Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) y de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que advierten de que el incremento de la temperatura superficial del mar favorece la presencia de estas bacterias, especialmente en aguas salobres o de baja salinidad y en mariscos filtradores, como las ostras.
Según explica el grupo de investigación PAFZP de la Universitat de València, que lleva décadas estudiando esta bacteria, Vibrio vulnificus está presente de forma natural en determinados ecosistemas costeros, aunque no todas sus cepas son capaces de causar enfermedad. El Mediterráneo abierto, además, tiene una salinidad elevada que dificulta su proliferación. El mayor riesgo se concentra en zonas donde se mezclan agua dulce y agua marina, como desembocaduras de ríos, lagunas costeras, puertos o humedales.
La bacteria puede entrar en el organismo por dos vías: a través de heridas abiertas que entren en contacto con agua contaminada o por el consumo de marisco crudo o poco cocinado. Los síntomas varían según la vía de infección. Si se contrae por vía digestiva, puede provocar diarrea, náuseas, vómitos, dolor abdominal, fiebre y escalofríos. Si penetra por una herida, puede causar inflamación, dolor intenso, ampollas y, en los casos más graves, fascitis necrosante o sepsis.
No obstante, los especialistas subrayan que las complicaciones graves son poco frecuentes y afectan principalmente a personas con enfermedades hepáticas, diabetes, sistemas inmunitarios debilitados, alteraciones del metabolismo del hierro o edad avanzada. En personas sanas, el riesgo de desarrollar una infección grave es muy reducido.
Por ello, los investigadores recomiendan extremar las precauciones únicamente en los grupos vulnerables: evitar bañarse con heridas abiertas o protegerlas con apósitos impermeables y no consumir ostras u otros mariscos crudos o poco cocinados.