EXPLICACIÓN CIENTÍFICA
¿Por qué cada vez hay más incendios extremos? La ciencia explica qué los hace tan difíciles de controlar
Los incendios que afectan estos días a España y Francia vuelven a poner el foco en un fenómeno cada vez más frecuente: los incendios extremos. La ciencia lleva años estudiando por qué son tan difíciles de controlar y qué factores favorecen su aparición.
Las imágenes de los grandes incendios que están afectando estos días a España y Francia vuelven a poner sobre la mesa una pregunta que se repite cada verano: ¿por qué algunos incendios parecen imposibles de detener? Detrás de estos episodios no hay una única explicación, sino la combinación de varios factores meteorológicos, ambientales y humanos que convierten un fuego convencional en un incendio extremo.
La comunidad científica lleva años estudiando este fenómeno. Informes del IPCC y trabajos recientes publicados en revistas científicas coinciden en que estos grandes incendios no dependen únicamente de una chispa que los origine, sino de un escenario en el que confluyen vegetación muy seca, temperaturas elevadas, baja humedad y condiciones atmosféricas favorables para que las llamas se propaguen a gran velocidad.
¿Qué hace que un incendio sea "extremo"?
No todos los incendios forestales son iguales. Un incendio extremo es aquel cuya intensidad y velocidad de propagación superan la capacidad habitual de extinción, incluso cuando se emplean importantes medios terrestres y aéreos.
Según los expertos, estos incendios pueden cambiar de dirección de forma repentina, avanzar varios kilómetros en pocas horas e incluso lanzar brasas a grandes distancias, provocando nuevos focos muy lejos del frente principal. Estas características hacen que las labores de extinción sean mucho más complejas y peligrosas.
El "cóctel perfecto": calor, sequía, viento... y mucha vegetación
Aunque solemos asociar los grandes incendios únicamente a las olas de calor, la realidad es bastante más compleja.
Los especialistas explican que, en muchos casos, el problema empieza meses antes. Un invierno o una primavera especialmente lluviosos favorecen el crecimiento de hierbas, arbustos y otra vegetación. Cuando llegan varias semanas de altas temperaturas, escasas precipitaciones y baja humedad, toda esa vegetación se seca y pasa a convertirse en combustible disponible para el fuego.
A este escenario se suma el viento, que aporta oxígeno a las llamas, acelera su propagación y puede transportar brasas a cientos de metros de distancia, generando nuevos incendios por delante del frente principal.
Por eso, los grandes incendios de estos días en España y Francia no responden únicamente al calor extremo de julio, sino a una combinación de condiciones que se han ido acumulando durante meses.
¿Qué papel juega el cambio climático?
El cambio climático no provoca directamente un incendio, ya que para que este comience suele ser necesaria una fuente de ignición, muchas veces relacionada con la actividad humana. Sin embargo, numerosos estudios concluyen que sí aumenta la probabilidad de que se den las condiciones meteorológicas favorables para que los incendios sean más intensos y difíciles de controlar.
El IPCC señala que el calentamiento global incrementa la frecuencia e intensidad de los episodios de calor extremo y favorece la desecación de la vegetación en muchas regiones del planeta. A ello se suma un estudio publicado en 2026 que identifica una señal estadísticamente muy sólida de influencia humana en el aumento del tiempo meteorológico extremo favorable para incendios a escala global.
En otras palabras, el cambio climático no "enciende" el fuego, pero sí hace que, cuando aparece, encuentre un entorno mucho más favorable para crecer rápidamente.
Cuando el incendio crea su propio tiempo
Uno de los fenómenos más sorprendentes asociados a los incendios extremos es la aparición de los pirocumulonimbos, también conocidos como "nubes de fuego".
Estas enormes columnas de humo y aire caliente ascienden hasta varios kilómetros de altura. Al enfriarse en capas superiores de la atmósfera, el vapor de agua se condensa y puede formar auténticas tormentas generadas por el propio incendio.
Lejos de ayudar a extinguir las llamas, estas nubes pueden producir fuertes rachas de viento, descargas eléctricas e incluso nuevos focos de incendio provocados por rayos, haciendo que el comportamiento del fuego resulte todavía más impredecible. Los expertos consideran que este tipo de fenómenos podría observarse con mayor frecuencia en Europa a medida que aumentan los episodios de calor extremo y sequía.
¿Veremos más incendios de este tipo en el futuro?
Los investigadores coinciden en que el riesgo dependerá de múltiples factores, como la gestión de los bosques, la acumulación de combustible vegetal, la prevención y la evolución del clima. Sin embargo, también advierten de que las condiciones favorables para los incendios extremos podrían hacerse más frecuentes en muchas regiones del sur de Europa.
Por ello, los expertos insisten en que la prevención seguirá siendo una de las herramientas más eficaces para reducir el impacto de estos episodios: desde una correcta gestión forestal hasta evitar cualquier actividad que pueda originar un fuego durante periodos de riesgo extremo.