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MEDICAMENTOS
El extenista ha explicado que el uso continuado de medicación para soportar el dolor le provocó una grave complicación intestinal.
"Tengo dos perforaciones en los intestinos por haber tomado tantos antiinflamatorios". Esta es la frase que dijo Rafa Nadal durante la presentación de su documental al hablar de una de las consecuencias físicas derivadas de años de dolor, lesiones y exigencia deportiva. Pero, ¿por qué?
En el caso de Nadal, convivió desde joven con el síndrome de Müller-Weiss, una enfermedad degenerativa en el pie izquierdo que le provocó dolor crónico y que, junto a otras lesiones, le obligó en numerosas ocasiones a recurrir a tratamientos para poder seguir entrenando y compitiendo al máximo nivel.
Aunque muchos relacionan los antiinflamatorios como algo normal, su uso continuado y sin control médico puede tener efectos importantes sobre el sistema digestivo. Este tipo de medicamentos, conocidos como antiinflamatorios no esteroideos (AINE), actúan reduciendo la inflamación y el dolor, pero también pueden disminuir ciertas sustancias naturales que ayudan a proteger el revestimiento del estómago y del intestino.
El aparato digestivo cuenta con una especie de capa protectora que ayuda a resistir la acidez y el desgaste. Cuando esa barrera se debilita durante mucho tiempo, aumenta el riesgo de irritación, úlceras y, en casos poco frecuentes pero graves, perforaciones intestinales o gástricas. Se trata de una complicación seria, ya que puede favorecer infecciones severas y requerir tratamiento urgente.
Eso sí, las perforaciones digestivas asociadas al uso de antiinflamatorios no son frecuentes, pero el riesgo puede aumentar cuando estos medicamentos se toman durante largos periodos, a dosis elevadas o en personas con otros factores de riesgo, especialmente si existe automedicación o falta de seguimiento médico.
Además de este problema, los expertos llevan años advirtiendo de otros posibles efectos derivados del abuso de antiinflamatorios: problemas renales, aumento de la presión arterial, sangrados digestivos o incluso dolores de cabeza crónicos por el consumo repetido de analgésicos.
Y es que aunque sean medicamentos habituales en muchas casas, los expertos recomiendan evitar tomarlos de forma continuada sin supervisión profesional.