SALUD
Ser padre después de los 35 años podría estar relacionado con un mayor riesgo de este cáncer en sus hijas
Un estudio analiza esta relación, aunque los investigadores advierten de que todavía no se puede establecer una causa directa.
El cáncer de intestino en adultos jóvenes se ha convertido en una de las grandes preocupaciones de la medicina actual. Ahora, un nuevo estudio sugiere que un factor hasta ahora poco explorado podría estar relacionado con el riesgo de desarrollar la enfermedad: la edad del padre en el momento del nacimiento.
Tal y como revela el Daily Mail, los resultados apuntan a que las mujeres cuyos padres tenían 35 años o más cuando nacieron presentaban un 56% más de riesgo de desarrollar cáncer de intestino antes de los 40 años frente a aquellas cuyos padres tenían entre 20 y 24 años.
En cambio, en los hombres el aumento del riesgo fue mucho menor y no alcanzó significación estadística, por lo que los investigadores consideran que son necesarios más estudios para entender esta diferencia.
¿Por qué podría influir la edad del padre?
Una de las hipótesis que manejan los científicos está relacionada con los cambios genéticos que pueden acumularse en los espermatozoides con la edad. Estudios previos ya habían relacionado una mayor edad paterna con algunas alteraciones genéticas en los hijos, aunque todavía no está claro cómo podría afectar esto al desarrollo del cáncer colorrectal.
Los investigadores insisten en que se trata de un estudio observacional, es decir, no demuestra que ser hijo de un padre mayor provoque cáncer.
Además de la edad paterna, el trabajo identificó otros factores relacionados con un mayor riesgo, como el peso al nacer o determinados factores demográficos.
Un cáncer que ya no se considera solo de personas mayores
El aumento de casos de cáncer colorrectal en menores de 50 años ha llevado a los expertos a investigar nuevas causas. Aunque tradicionalmente se asociaba a edades avanzadas, cada vez aparecen más diagnósticos en adultos jóvenes.
Entre los síntomas de alerta se encuentran cambios persistentes en el ritmo intestinal, sangre en las heces, dolor abdominal, pérdida de peso sin explicación o cansancio asociado a anemia.
Los expertos recuerdan que muchos factores modificables siguen teniendo un papel clave en la prevención: mantener una alimentación equilibrada, hacer ejercicio, evitar el tabaco y reducir el consumo de alcohol pueden ayudar a disminuir el riesgo.