UN POSIBLE NUEVO MÉTODO
Usan radiación de precisión para reducir los síntomas de la depresión resistente
Un estudio con 20 pacientes tratados mediante radiocirugía detecta una mejoría de los síntomas depresivos en el 89% y una caída de los pensamientos suicidas del 70% al 5%.
La depresión puede convertir los días en una sucesión de horas que cuesta atravesar. En España, el 14,6% de la población de 15 años o más declaró haber experimentado síntomas depresivos, según el Instituto Nacional de Estadística. A escala mundial, unos 322 millones de personas viven con depresión, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud. Es imprescindible aclarar que no se trata de una tristeza pasajera, sino de un trastorno que puede afectar al sueño, la concentración y la capacidad de disfrutar y, en sus formas más graves, acompañarse de pensamientos suicidas. Afortunadamente muchos pacientes encuentran un tratamiento adecuado, pero no todos.
Para alrededor de tres de cada diez personas con depresión, los tratamientos habituales no consiguen un alivio suficiente. Es lo que se conoce como depresión resistente al tratamiento, que suele definirse como la falta de respuesta adecuada a, al menos, dos tratamientos antidepresivos. Las alternativas incluyen otros medicamentos, terapias con ketamina, estimulación magnética transcraneal o terapia electroconvulsiva. Sin embargo, algunos pacientes continúan sufriendo incluso después de haber probado varias de estas opciones.
Es precisamente en ese grupo donde una técnica de radiocirugía, capaz de alcanzar un pequeño circuito cerebral sin realizar una incisión, ha mostrado resultados que sus autores consideran una razón para seguir investigándola. Un estudio observacional presentado en la reunión anual de la Sociedad Estadounidense de Oncología Radioterápica (ASTRO) siguió a 20 personas con depresión resistente. Antes de la intervención, 14 manifestaban pensamientos suicidas; después, solo uno.
"Eran pacientes cuya depresión no había mejorado después de varios tratamientos y muchos vivían con pensamientos suicidas activos - explica Mohamed Khattab, líder del estudio -. Después del tratamiento observamos reducciones significativas de los síntomas depresivos y de los pensamientos suicidas en la mayoría de los pacientes".
La técnica se denomina capsulotomía mediante radiocirugía estereotáctica. Su objetivo es una pequeña región de la cápsula interna, una estructura de sustancia blanca que contiene fibras de comunicación entre distintas áreas cerebrales. La radiación se concentra allí para producir una lesión diminuta en una vía implicada en los circuitos que participan en el estado de ánimo y los síntomas obsesivo-compulsivos. No se abre el cráneo ni se introduce un electrodo, pero eso no significa que la intervención sea inocua o reversible: modifica deliberadamente tejido cerebral y exige una selección muy cuidadosa de los pacientes.
"Este enfoque nos permite alcanzar un objetivo muy pequeño y profundo del cerebro sin abrir el cráneo ni colocar electrodos – añade Khattab -. La meta es interrumpir un circuito que contribuye a síntomas graves y persistentes, limitando los efectos sobre el tejido cerebral circundante".
La capsulotomía se ha empleado durante décadas en enfermedades psiquiátricas graves, aunque la modalidad con radiación se había estudiado principalmente en el trastorno obsesivo-compulsivo resistente. El equipo de Khattab ya había publicado en 2022 un estudio piloto con tres pacientes con depresión refractaria. El nuevo análisis amplía aquella experiencia con 20 personas tratadas en el Centro Médico de la Universidad Vanderbilt, tras una evaluación multidisciplinar. Todas habían recibido terapia cognitiva y varios medicamentos; muchas habían respondido a ketamina, estimulación magnética transcraneal o terapia electroconvulsiva. El seguimiento tuvo una mediana de 38,6 meses.
De los participantes, 18 fueron evaluados con el Inventario de Depresión de Beck, un cuestionario utilizado para medir la gravedad de los síntomas depresivos. En el momento de máxima mejoría, la puntuación media había descendido un 53% respecto al nivel previo al tratamiento. Once pacientes, el 61%, redujeron sus puntuaciones al menos a la mitad, mientras que 16, el 89%, experimentaron alguna mejoría estadística. En la última evaluación, la puntuación media seguía siendo un 47% inferior a la inicial y nueve pacientes, la mitad de los evaluados, mantenían una respuesta al tratamiento.
Otro de los factores que fueron analizados por el estudio fue la función cognitiva. Entre todos los voluntarios, tres personas experimentaron efectos secundarios moderados, como dolor de cabeza o mareos; dos presentaron alteraciones del tejido mayores de las previstas en las imágenes. Todos ellos se recuperaron con corticoides.
"La preservación de la función cognitiva fue uno de los hallazgos más importantes - confirma Khattab -. La cognición no se vio comprometida mientras disminuían los síntomas depresivos".
La historia de las intervenciones ablativas en psiquiatría obliga a mantener la prudencia. Las técnicas estereotácticas actuales son más precisas que las antiguas formas de psicocirugía, pero no eliminan los riesgos ni sustituyen el consentimiento informado y el seguimiento prolongado. El siguiente paso será comprobar mediante estudios controlados quién puede beneficiarse, cuánto dura la respuesta y qué efectos pueden aparecer con el tiempo.
En una enfermedad en la que cada mejoría puede cambiar una vida, la precisión no consiste solo en dirigir la radiación a un punto del cerebro, sino también en saber a quién, cuándo y con qué consecuencias.