¿PARA QUÉ?

Las cámaras no solo nos vigilan, ahora también conocen nuestros sentimientos

Gracias a la inteligencia artificial, las cámaras instaladas en los centros comerciales no solo nos vigilan, sino que identifican cuál es nuestro estado de ánimo.

Cámaras de vigilanciaGreat Beyond en Flickr CC

La función de las cámaras de seguridad instaladas en tiendas y comercios, durante años ha sido una, la de la prevención de pérdidas, Siendo capaces de detectar si alguien escondía algo en su bolso o abrigo. Con la llegada de la inteligencia artificial, esto ha cambiado y ahora además son capaces de identificar y entender cómo se sienten los visitantes en la tienda.

Descubriendo la empatía digital

Más allá de registrar las imágenes, el proceso comienza a través de cámaras de alta definición, la cuales cuentan con potentes algoritmos de aprendizaje profundo. Estas son capaces de escanear y registrar las expresiones faciales de los clientes, cientos de veces por segundo. En los que identificarlos no es el objetivo, sino registrar sus emociones. El sistema está adiestrado para realizar un mapeo del rostro humano, motorizando puntos clave de referencias como pueden ser la dilatación de las fosas nasales, la curvatura de las cejas o incluso la comisura de los labios.

Mujer escaneando un alimento | Jenna Day Unplash

A través de las microexpresiones faciales, o lo que es lo mismo, los movimientos involuntarios, estos duran apenas fracciones de segundo, el software clasifica estas reacciones en varias categorías: Disgusto, miedo, alegría, ira o sorpresa. Cualquier sencillo gesto que hagamos al entrar en la tienda representa un dato, analizable y que arroja datos como la satisfacción o la frustración de los clientes frente a cambios en los productos o el aspecto general del comercio. Lo que les puede identificar cuáles son los problemas y tratar de ponerles solución.

Lo que se persigue es transformar los gestos subjetivos en indicadores clave de desempeño (KPls). Generando mapas de calor emocionales, él lo que se identifican las zonas de la tienda en la que los clientes muestran felicidad, zonas calientes. Y aquellas zonas en la que la sensación es la de indiferencia o disgusto, o zonas frías.

Una tecnología en desarrollo y cuyo avance se espera que vaya más allá del análisis pasivo, hacia una respuesta dinámica. Con soportes publicitarios que se adapten a nuestro estado de ánimo, las cuales, en tiempo real, sus sensores registren nuestras expresiones y sentimientos y nos ofrezcan un producto. Del mismo modo que al mostrar indecisión en la compra, determinen a través de una oferta flash la compra de alguno. Convirtiendo la tienda en un entorno dinámico y reactivo que se adapta en función de cómo nos sentimos. Algo que por el momento solo hemos visto en la ficción, pero que no descartamos que pueda suceder a corto plazo.

Una tecnología que abre el debate acerca de la privacidad, aunque los datos se anonimizan con una breve descripción del individuo, no se guardan ni el nombre ni la imagen. Si tenemos la sensación de estar bajo el escrutinio y el análisis constante, lo que añade una nueva experiencia de compra. De lo que tenemos que ser cada vez más conscientes es de que cualquier reacción en la tienda será de vital importancia. Ya que a través de estas estaremos validando y descartando una estrategia de marketing.

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