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LA MAGIA TRAS LAS ‘SUPERFOTOS’ DE UN IPHONE

Por qué la calidad de tus fotos ya no depende solo de los megapíxeles del móvil

Cuando no compramos un móvil, miramos que tenga unas cámaras frontal y trasera con un buen puñado de megapíxeles, pero hoy en día no es lo físico lo único que determina la calidad de las imágenes que tomamos. El secreto está en el 'software'.

Ya ni recordamos la época en que los teléfonos se vendían como aparatos para hacer llamadas, mandar mensajes o incluso mandar correos electrónicos. Hoy en día, nos importan mucho más otras capacidades como, por ejemplo, las fotográficas, así que los fabricantes de ‘smartphones’ nos intentan conquistar con más y más megapíxeles en las cámaras traseras y frontales de sus dispositivos, con cámaras duales y otras características pensadas para los amantes de los selfis e Instagram.

A nadie se le escapa que un móvil moderno es capaz de tomar fotos con tanta calidad o más que las cámaras compactas e incluso que muchas profesionales. Y la clave, al contrario de lo que podríamos pensar, no está en los componentes físicos, que por cuestiones de espacio o incluso de coste suelen ser menos sofisticados, sino en el ‘software’, el conjunto de programas informáticos que aplican un montón de trucos antes, durante y después de la captura de la imagen para manipularla o mejorarla.

Sin que nos demos cuenta, cada vez que tomamos una foto hay cientos o incluso miles de millones de pequeñas operaciones que el cerebro de nuestro dispositivo está realizando. Muchísimo más que el clásico autoenfoque que todos conocemos. Es lo que se conoce como fotografía computacional: las imágenes se obtienen por procesos digitales más que ópticos, como en las cámaras de toda la vida. Dicho de otro modo, un montón de ajustes y ediciones se aplican sobre la imagen en tiempo real, sin esperar a la posproducción y el Photoshop. Y sin que nosotros tengamos que hacer nada.

iPhone XS | Agencias

Cuando abres la aplicación de la cámara, la magia se desata. Tu móvil puede tomar múltiples fotogramas para una sola foto (a menudo incluso antes de que hayas apretado el botón para sacarla), capturar versiones más oscuras y más claras de la escena o, entre otras muchas cosas, crear un mapa tridimensional de la imagen para, por ejemplo, difuminar el fondo.

Es el repertorio de trucos informáticos lo que diferencia hoy en día un ‘smartphone’ con una buena cámara de un ‘smartphone’ con una cámara excelente. El iPhone XS, por ejemplo, destaca por su asombrosa capacidad para sacar buenas fotos con poca luz, su increíble modo Retrato, el total control que ofrece de la profundidad de campo (podemos modificarla a placer después de haber tomado la foto, para enfocar y desenfocar distintas partes) o el modo Smart HDR que nos permite aprovechar las ventajas de esta tecnología con solo habilitarlo, sin tener ni idea de lo que sucede entre bambalinas (de hecho, solo se activará cuando la toma lo requiera).

Y Apple no es la única que está exprimiendo la fotografía computacional al máximo. Los Pixel de Google o los ‘smartphones’ de gama alta de Huawei también son alabados por el increíble partido que su ‘software’ es capaz de sacar a las imágenes.

Los secretos del modo Retrato

Presente con uno u otro nombre en los buques insignias de casi todas las grandes marcas, este modo trata de compensar una carencia típica de las cámaras de los teléfonos (y sobre todo de la frontal, la que usamos para echarnos selfis).

Para desenfocar el fondo de un retrato, lo convencional con una cámara de toda la vida sería usar distancias focales largas (para centrar toda la atención en la persona y difuminar el fondo) y aperturas de diafragma amplias (para compensar la luz al usar focales elevadas, que requieren poco tiempo de exposición).

Los ‘smartphones’, sin embargo, tienen aperturas fijas y permiten distancias focales cortas, así que la solución para conseguir magníficos retratos tiene que venir del ‘software’. Los ‘smartphones’ modernos que tienen dobles cámaras frontales (o hasta triples en algunos casos) lo que hacen es tomar dos imágenes distintas (una gran angular y otra telefoto) y combinarlas. Para conseguir la mezcla perfecta, crean un mapa de profundidad que les permite saber la distancia entre los objetos de una foto y centrar la atención en unos (en el caso del retrato, la persona) y difuminar otros (el fondo). Así es como consiguen ese ‘bokeh’ tan maravilloso del que presumen los puretas de Instagram.

El HDR inteligente

La capacidad del ojo humano para percibir contraste es mucho mayor que la que tienen las cámaras. En los ‘smartphones’ de alta gama modernos, la tecnología HDR (High Dynamic Range) es la encargada de que nuestras instantáneas tengan un mejor contraste, luces y sombras más perfiladas y detalladas. Resumidamente, lo que hacen es capturar muchos fotogramas con distinta exposición (de lo más oscuro a lo más claro) y luego combinarlos para conseguir una iluminación y un contraste perfectos. O tan perfectos como el sensor, el procesador de imagen (ISP) y el propio ‘software’ del dispositivo lo permitan.

Variantes y evoluciones de esta técnica son las que permiten que los móviles se sobrepongan a su tradicional dificultad para sacar buenas fotos con poca luz. Al disponer de múltiples tomas con distinta exposición, las combinan en una especie de toma media que permite reducir el molesto ruido que tan bien conocemos de años de sacar fotos cutres cuando se está haciendo de noche.

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