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INTELIGENCIA ARTIFICIAL
La Inteligencia Artificial ha llegado para quedarse y cada vez se utiliza más, sin embargo, con toda su sabiduría no está pensada para que pueda tomar decisiones de origen ético.
La Inteligencia Artificial está abriendo numerosas y nuevas posibilidades tecnológicas que pueden ayudar sobre todo a la eficiencia en los entornos laborales.
Su rápida evolución ha hecho cuestionarse hasta que punto este tipo de inteligencia sería consciente a la hora de tomar decisiones éticas. A priori la IA no está pensada para que pueda evaluar si algo es ético o no ya que se basa en diferentes algoritmos, no tiene conciencia, valores ni emociones propias, por lo que realmente no sabe lo que está bien o está mal.
Solo analiza los datos y en función de cómo la hayan programado podrá dar o no una respuesta. El dilema viene que estos datos que analiza no son objetivos. Es decir, reflejan prejuicios y errores, de las personas que poco a poco han ido entrenando esos algoritmos.
Por lo tanto, realmente una IA no puede tomar una decisión ética por si sola, sin embargo, aprenderá a tener una visión propia a raíz de los humanos que la programan, la entrenan y la supervisan.
La UNESCO destaca que todas las bases de los sistemas de IA deberían tener cuatro valores fundamentales: Los derechos humanos y la dignidad humana, vivir en sociedades pacíficas, garantizar la diversidad y la inclusión y proteger el medio ambiente y los ecosistemas.