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CUIDADOS
Los hantavirus son patógenos que suelen transmitirse de roedores a humanos, y aunque existen cepas que se propagan entre personas, el riesgo para la salud pública sigue siendo bajo. En la actualidad, no existe una vacuna contra la cepa Andes y las terapias se basan en la vigilancia estrecha y en el tratamiento de los síntomas.
La detección del brote en el MV Hondius y el posterior desembarco de pasajeros infectados ha obligado a actualizar el conocimiento científico y a reforzar las medidas de bioseguridad para el tratamiento de esta enfermedad zoonótica.
Las técnicas de prevención actuales pasan por el ingreso de pacientes con sospecha de contagio a una habitación individual con presión negativa, la restricción de las visitas y la creación de un registro de todas las personas que entran y salen del recinto. El protocolo fue acordado por el Comité Técnico del Sistema de Alerta Precoz y Respuesta Rápida (SIAPR) y aprobado por la Comisión de Salud Pública.
Según explica a SINC Leticia Bueno, enfermera del Instituto Español de Investigación del Consejo General de Enfermería (CGE), "lo primero que se hace en estos casos es diferenciar si se trata de un contacto asintomático, un caso sospechoso o uno confirmado, ya que las medidas varían mucho según el tipo de riesgo".
Concretamente, un caso sospechoso es cualquier individuo que haya compartido un medio de transporte con un caso confirmado o probable de infección por hantavirus. Asimismo, también son aquellos que estuvieron en contacto con alguno de los pasajeros o tripulantes del MV Hondius desde el 5 de abril de 2026 y que presente fiebre aguda, o al menos uno de estos síntomas: mialgias, escalofríos, cefalea, síntomas gastrointestinales o problemas respiratorios.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) junto con el protocolo español establecen que el periodo de incubación es de 42 días y que el periodo de transmisibilidad es de dos días antes hasta cinco días después de la fecha de inicio de síntomas de un caso confirmado. El Centro Nacional de Microbiología del Instituto Carlos III es la institución encargada de hacer la prueba de laboratorio confirmatoria para el virus Andes.
"En el momento en el que aparecen síntomas compatibles, la persona es trasladada a una unidad de aislamiento de alto nivel hasta obtener un resultado negativo", indica la sanitaria.
Al no existir una vacuna específica contra este patógeno, su manejo se basa en terapias de soporte y vigilancia estrecha, además de facilitar la hidratación, el tratamiento sintomático y controlar la evolución.
"Por la literatura científica sabemos que algunos pacientes pueden evolucionar a formas más graves, con afectación cardiopulmonar, por lo que la detección precoz de cualquier síntoma en evolución es esencial en estos casos", advierte Bueno.
"La enfermeras participamos de forma continua en todo el proceso de atención hospitalaria, controlamos la oxigenación y ayudamos a la detección temprana de cualquier empeoramiento clínico", cuenta la experta.
Asimismo, los profesionales de enfermería proporciona los cuidados básicos y esenciales de los pacientes, como puede ser la hidratación, la administración de tratamientos, el manejo del confort, la alimentación, la higiene y el acompañamiento emocional.
"Los pacientes en cuarentena pueden estar mucho tiempo aislados y pueden sentir incertidumbre y miedo al limitarles el contacto con sus familiares", enfatiza. "Nosotras proporcionamos información, tranquilidad y apoyo psicológico a las personas que viven una situación tan estresante como esta".
Un contacto es una persona sana expuesta a un caso confirmado o probable de hantavirus que ha podido tener interacciones mediante secreciones respiratorias, saliva, sangre u otros fluidos corporales. El acercamiento tiene que haber sido directo, con una proximidad estrecha en espacios cerrados como camarotes o cabinas de aviones.
"De momento todos los pasajeros que estuvieron en el barco entre el 1 de abril y el 10 de mayo son considerados contactos y permanecen bajo vigilancia activa y en cuarentena preventiva", explica la enfermera. "El protocolo contempla 42 días de vigilancia si no aparecen síntomas, el periodo máximo de incubación que se ha descrito el hantavirus de los Andes", añade.
Los contactos asintomáticos son trasladados a un centro especializado para realizar su cuarentena en un habitación individual.Se les hará una PCR a la llegada y otra a los siete días de entrar. En caso de que el resultado de la segunda prueba sea negativo, un comité de técnicos revaluará las condiciones de la cuarentena.
La vigilancia activa supervisada incluirá el registro de temperatura dos veces al día y la búsqueda de síntomas que definan un posible caso de contagio. También se les garantizará la comunicación telemática con familiares y se les prestará apoyo emocional, según indica la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI).
Según indica elMinisterio de Sanidad, cualquier contacto que desarrolle síntomas será trasladado a una habitación de aislamiento con presión negativa, donde se realizarán varias PCR en sangre y suero.
En el caso de que la prueba resulte negativa, pero continúe el estado clínico, se repetirá a las 24 horas. El paciente se mantendrá aislado hasta que terminen sus síntomas o se confirmen mediante un diagnóstico alternativo.
A su juicio, la experta señala que la comunidad sanitaria ha aprendido mucho de la gestión de la covid -19, aunque concreta que este brote es muy diferente al virus pandémico y que todavía no supone una alarma de salud pública.
"Hemos aprendido lo importante que es estar preparados ante una emergencia sanitaria; esto significa disponer de unidades de aislamiento, personal entrenado, equipos de protección y protocolos claros de vigilancia y rastreo de contactos coordinados entre salud pública y hospitales", afirma.
Un ejemplo, nacido de esta resiliencia, es el del Gómez Ulla y la necesidad de poseer un stock de equipos de protección individual, protocolos claros de rastreo y un correcto manejo de los casos para reforzar la vigilancia epidemiológica.
"Por otro lado, hemos avanzamos mucho en aspectos técnicos: en tener habitaciones con presión negativa, circuitos diferenciados y procedimientos más estrictos", dice Bueno. "Al final toda esta experiencia nos sirve para responder de una forma precoz, coordinada y prudente sin generar alarmas innecesarias".
En España, la atención urgente supone una actividad anual en torno a 33,6 millones de consultas en atención primaria, cerca de 25 millones en hospitales y 8,15 millones en los servicios del 112 y el 061, según informa la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES).
Detrás de cada una de estas intervenciones existe una respuesta sanitaria compleja en la que intervienen operadores, médicos y en concreto, personal de enfermería.
La función de estos profesionales resulta indispensable, ya que no solo proporcionan cuidados y vigilan la evolución de los síntomas, sino que garantizan que se cumplan los protocolos cuando existen urgencias sanitarias.
"Nuestro trabajo es fundamental; la pandemia de la covid puso en valor el papel estratégico que tenemos en salud pública y en la gestión de las crisis sanitarias", señala Bueno.
No obstante, este tipo de situaciones tampoco son fáciles para estos profesionales sanitarios y generan una carga emocional al estar expuestos (aunque protegidos) a un brote vírico. "La pandemia nos ha legado muchísima evidencia científica sobre el estrés, ansiedad y fatiga emocional que sentimos las enfermeras al trabajar en contextos de incertidumbre o riesgo biológico", explica la experta.
Por ello, Bueno subraya la importancia de seguir avanzando en formaciones específicas y en alcanzar un mayor reconocimiento estructural para el mejorar funcionamiento del sistema de salud.