DE CÁRCEL A ATRACCIÓN TURÍSTICA

Así es Santo Stefano, la diminuta isla-prisión italiana que se transformará por completo

Con vistas al Vesubio y un pasado ligado a presos políticos, esta isla frente a Nápoles prepara su reconversión: bar, hotel, museo al aire libre y un teleférico que la conectará con Ventotene en solo seis minutos.

Santo Stefano es una pequeña isla situada a unos 40 kilómetros de la costa de Nápoles, en el archipiélago de las Islas Ponza. Durante siglos funcionó como prisión: el penal se construyó en el siglo XVIII y llegó a albergar a presos políticos durante el fascismo en las décadas de 1930 y 1940, algunos de los cuales fueron torturados, mientras que quienes intentaban escapar corrían el riesgo de morir ahogados. En los años 50 se transformó en una cárcel más convencional, con cine y campo de fútbol propios, hasta que cerró definitivamente en 1965.

Desde 2021 la isla está en obras de rehabilitación y, según los planes actuales, se espera que para 2026 se convierta en un destino turístico y también en un centro académico. El proyecto contempla un museo al aire libre, alojamiento y residencias de artistas, además de un bar de cócteles con vistas al Vesubio ubicado en lo que antes era la panadería del penal.

Uno de los puntos más llamativos del plan es la construcción de un teleférico de dos kilómetros que uniría Santo Stefano con la isla vecina de Ventotene, donde viven unos 700 residentes. El trayecto duraría menos de seis minutos y podría transportar hasta 12 personas a la vez, funcionando durante todo el año.

Hoy en día, llegar a Santo Stefano no es sencillo: apenas recibe alrededor de mil visitantes al año, que primero deben tomar un ferri hasta Ventotene y después otra embarcación hasta la propia isla. Al no existir un muelle oficial, hay que saltar directamente a las rocas y subir cerca de 1.000 escalones hasta la cima, un recorrido que puede llevar hasta 40 minutos. Antes de comprar la entrada, los visitantes deben firmar un documento asumiendo la responsabilidad de los riesgos.

El proyecto del teleférico no convence a todos los vecinos. Algunos residentes de Ventotene lo han calificado de "broma", y creen que antes habría que resolver problemas básicos de la isla, como los cortes de luz en invierno, el wifi inestable o la falta de camas. El propio alcalde, Carmine Caputo, lo define como "una idea fantástica" pero con fuerte impacto en el paisaje, y propone en su lugar reactivar los antiguos embarcaderos de la isla. Otros vecinos, eso sí, lo apoyarían si termina beneficiando a la economía local.