JAPÓN
Un lugar rodeado de naturaleza donde los darumas simbolizan la búsqueda de la victoria interior y la superación personal.
Viajar a Asia siempre se convierte en una aventura inolvidable. Si se realiza el recorrido desde España, no son pocas las horas en avión. Pero, la experiencia final siempre recompensa la larga travesía, de eso no cabe duda. De hecho, si hacemos las maletas con destino Japón, seremos testigos del gran impacto cultural, religioso, la belleza de sus parajes naturales y de sus particulares construcciones. Y es que, los templos abundan en esta región del mundo. Por ello, hoy hablaremos de uno de los más antiguos e importantes. Un indispensable si se visita Osaka.
Con la llegada del nuevo año, llegan los nuevos propósitos y el deseo de perseguir la suerte. Por ello, el templo Katsuo-ji cobra mucho interés entre los turistas de todo el mundo. Conocido también como el “templo de la victoria”, es famoso por sus miles de darumas repartidos por todo el recinto. Ubicado en la ciudad de Minō, el templo está situado en un entorno donde la naturaleza se convierte en su mejor joya. Un paraje natural, tranquilo y alejado del ruido del centro urbano que transmite mucha paz a todo aquel que lo visita.
Fundado en el siglo VIII (año 727), durante el período Nara, el lugar es un templo budista que ha sido catalogado como un lugar de reflexión y motivación personal. Los visitantes acuden con el propósito de pedir éxito personal, superarse a uno mismo. Una victoria interior que está relacionada con la espiritualidad del lugar y sus miles de darumas. De hecho, muchos estudiantes y profesionales japoneses lo visitan antes de realizar algún examen importante o de tomar decisiones clave. Pues, ha adquirido un gran peso espiritual en el país.
Un daruma es una figura tradicional japonesa que simboliza la perseverancia, la buena suerte y la superación personal. Se dice que está inspirado en Bodhidharma, el monje que fundó el budismo zen. Asimismo, suele ser rojo, color que se asociaba con la protección y la buena salud. Además, no tiene brazos ni piernas. Y es que, no es un amuleto tradicional. Es un recordatorio constante del compromiso impuesto y del esfuerzo personal.
¿Cómo se manifiesta la prosperidad en el templo?
No hay magia, todo es cuestión de ponerle una intención y trabajar arduamente por el propósito deseado. De esta manera, los visitantes adquieren su daruma, los cuales no tienen los ojos pintados. El objetivo es que la persona en cuestión piense en su meta. Así pues, se establece la promesa personal de que se va a trabajar para cumplir eso que se ansía. Pero, también se le promete al daruma.
En la parte trasera del daruma, la persona debe escribir ese objetivo o deseo y, seguidamente, hay que pasarlo por el humo de un incienso. Pues, es la mejor manera de liberarlo de energías ajenas o negativas. Un procedimiento que concluye pintándole un ojo al daruma. Eso sí, cuando la promesa se haya cumplido es necesario pintarle el otro ojo. Todo ello para concluir el pacto regresando al templo, agradeciendo por el éxito del propósito, y para colocar el daruma allí. Por ello, se pueden apreciar miles de ellos en el lugar. Una clara imagen que refleja los numerosos deseos que se han cumplido a lo largo de los años.