ESTADOS UNIDOS
La curiosa historia del monumento a Jefferson en Washington: del terreno pantanoso a la gran cúpula blanca
Viajamos hasta Washington para conocer todos los detalles del impresionante Monumento a Thomas Jefferson, uno de los grandes atractivos de la ciudad.
Entre los cerezos y el agua del Tidal Basin, en el West Potomac Park de Washington D. C., podemos encontrarnos con una impresionante cúpula blanca que resume buena parte de las ideas fundacionales de Estados Unidos. Es el Monumento a Jefferson, un homenaje a Thomas Jefferson, autor principal de la Declaración de Independencia, líder de la Revolución Americana, fundador del Partido Demócrata-Republicano y tercer presidente del país.
Monumento a Thomas Jefferson de Washington D.C., a través de su historia
Las obras comenzaron en 1939 y terminaron en 1943, aunque la inauguración oficial no llegó hasta 1947. El motivo de ese desfase es que la estatua de bronce de Jefferson no se completó ni se colocó hasta cuatro años después de la dedicación del edificio.
El proyecto lo firmó John Russell Pope, arquitecto de Nueva York, y lo levantó el contratista John McShain, de Filadelfia. Para el diseño, Pope miró hacia dos referentes: el Panteón romano, obra de Apolodoro de Damasco, y la rotonda de la Universidad de Virginia, que el propio Jefferson había diseñado. El resultado es un edificio de estilo neoclásico que enlaza la Antigüedad clásica con el legado del homenajeado.
Debemos tener en cuenta que el monumento no solo rinde tributo a la figura, sino también al pensamiento. En sus muros se recogen varias frases de Jefferson que buscan condensar su filosofía política, conocida como democracia jeffersoniana. Defendía con firmeza el republicanismo norteamericano, los derechos individuales, la libertad religiosa, los derechos de los estados y la virtud. Otorgaba además un valor especial a la independencia de los Yeoman.
Su ideario tenía también su cara crítica: Jefferson desconfiaba de las ciudades y de los financieros, y se oponía a la aristocracia, al elitismo y a la corrupción. Es considerado una de las mentes políticas más influyentes de su tiempo y una de las grandes fuerzas intelectuales tras la Revolución Americana.
No podemos dejar de mencionar que, junto con la Casa Blanca, el Monumento a Jefferson funciona como uno de los puntos de anclaje de la Explanada Nacional. Existe, además, una curiosa anécdota de planificación: en un principio se pensó levantar el Monumento a Washington en la intersección entre la Casa Blanca y el de Jefferson. Sin embargo, el terreno se consideró demasiado blando y pantanoso, y finalmente se construyó más al este.
Es importante destacar que, en la actualidad, esta construcción es un monumento nacional designado y está gestionado por la división de la Explanada Nacional y Parques Conmemorativos del Servicio de Parques Nacionales. En 1966 fue incluido en el Registro Nacional de Lugares Históricos, y en 2007 alcanzó el cuarto puesto en la lista de arquitectura favorita de Estados Unidos, elaborada por el Instituto Americano de Arquitectos. Por si fuera poco, más de ocho décadas después de comenzar su construcción, el edificio sigue cumpliendo su doble propósito: ser una pieza arquitectónica admirada y un recordatorio, en piedra y en palabras, de las ideas de uno de los padres fundadores de la nación.