GUADALAJARA
Viajamos a Castilla-La Mancha, concretamente hasta la ciudad de Guadalajara, para conocer todos los detalles del Torreón del Alamín.
Es el momento más que perfecto para poner rumbo a una de las ciudades con más encanto de Castilla-La Mancha. Nos referimos, como no podía ser de otra forma, a Guadalajara. Allí podemos toparnos con un sinfín de monumentos y construcciones que, desde luego, no dejan absolutamente indiferente a nadie. Un claro ejemplo lo encontramos, precisamente, en el Torreón del Alamín.
Estamos ante una torre de la antigua muralla de Guadalajara, concretamente parte de la que era la puerta del Postigo. Está situada en la zona norte de la muralla, sobre el barranco del Alamín y justo detrás de la concatedral de Santa María. En su origen, vigilaba el acceso a la ciudad desde el arrabal del Alamín, aunque en la actualidad se encuentra en su interior un centro de interpretación sobre la impresionante muralla de la ciudad de Castilla-La Mancha.
Para comenzar, debemos tener en cuenta que este torreón del Alamín forma parte de las murallas que fueron no solamente reforzadas, sino también renovadas, entre los siglos XIII y XIV. A través del puente de las infantas, se daba acceso a El Alamín, que era el principal arrabal musulmán de la ciudad y estaba ubicado en la zona noreste.
Es importante tener en cuenta que en el siglo XVIII, una vez se perdió por completo el uso militar, este Torreón del Alamín se convirtió en sede de un hospital. Eso sí, a mediados de mayo de 1921, fue declarado Monumento Nacional. Varias décadas más tarde, concretamente en 2004, se pudo cumplir el objetivo de reabrir esta construcción al público, aunque se hizo como centro de interpretación de las murallas de Guadalajara.
Entre otras tantas cuestiones, hay que hacer hincapié en que esta torre forma parte de un conjunto formado por el propio torreón, así como por el puente de las Infantas. Presenta una planta cuadrada y aproximadamente unos 20 metros de altura desde la base, situada en el fondo del barranco. Además, se erigió utilizando materiales como mampostería y argamasa, y los muros tienen unos 2 metros de ancho.
Lejos de que todo quede ahí, hay que tener en cuenta que esta construcción tiene nada más y nada menos que dos pisos que están perfectamente comunicados por una sorprendente escalera de caracol. El acceso al Torreón del Alamín se encuentra por el lado sur y a pie de calle, a través de una sencilla pero preciosa puerta adintelada.
En cuanto al piso superior, se abre por el mismo lado una puerta en arco de medio punto, que era el acceso original a esta construcción. Además, en el piso superior pero en la zona norte, mirando a El Alamín, encontramos dos curiosos balcones de vigilancia. Por si fuera poco, hay que mencionar que, en los muros, se abren varias aspilleras hacia extramuros. En la actualidad, el Torreón del Alamín se ha convertido, indudablemente, en uno de los grandes atractivos de la ciudad de Guadalajara. ¡Y no es para menos!