ASOMBROSO
El lago Erie, en Canadá, se ha convertido en un impresionante paisaje helado, con su superficie transformada en un vasto desierto de hielo y nieve visible incluso desde el aire.
Viajar en invierno a veces puede dejarte imágenes realmente impresionantes, como el caso de el faro del lago Míchigan transformado en una escultura de hielo. Pero... ¿has visto alguna vez un desierto de hielo y nieve?
El lago Erie, uno de los cinco Grandes Lagos de Norteamérica, se ha transformado en los últimos días en un impresionante paisaje helado que parece sacado de otro planeta. Imágenes captadas por drones el pasado domingo 8 de febrero muestran cómo su superficie se ha convertido en una vasta extensión blanca, cubierta por nieve y formaciones de hielo que se pierden en el horizonte. En el centro de esta escena invernal destaca el faro de West Pier, rodeado por un auténtico desierto congelado.
Las espectaculares vistas aéreas revelan placas de hielo superpuestas, crestas irregulares y superficies esculpidas por el viento, que dibujan patrones casi abstractos sobre el lago. La combinación de nieve reciente y temperaturas bajo cero ha consolidado una capa helada que transforma por completo el aspecto habitual de estas aguas fronterizas entre Estados Unidos y Canadá.
Este fenómeno coincide con recientes imágenes satelitales que detectaron una grieta masiva formándose en el hielo del lago Erie. Los fuertes vientos registrados en la zona provocaron el desplazamiento de grandes bloques, generando fracturas visibles desde el espacio. El movimiento constante de la capa helada es un recordatorio de que, pese a su apariencia sólida, el paisaje invernal del lago está en permanente cambio.
Cada invierno, el lago Erie ofrece escenas de gran belleza y fuerza natural, pero también de fragilidad. La interacción entre el viento, el frío y el agua convierte su superficie en un escenario dinámico, donde el hielo se crea, se rompe y se reorganiza continuamente, dando lugar a estampas tan impactantes como efímeras.