Bárbara Arena: "La España que quería retratar solo podía encontrarla en un funeral"
Bárbara Arena retrata a España en pleno duelo por un monarca sin nombre, dejando aflorar todos los sentimientos, colores y arraigos que hoy rondan nuestros símbolos nacionales.
Bárbara es un nombre que proviene del griego y que significa 'extranjera'. Y aunque los padres de la escritora Bárbara Arena desconocían cual iba a ser la personalidad que desarrollase su hija, hay una especie de profecía autocumplida en ese 'todo lo que viene de fuera' que recae sobre su nombre.
'Un adiós' se edita desde la colección de Episodios Nacionales de la editorial Lengua de Trapo
Bárbara es una puerta al mundo, a muchos mundos, y su primera novela, Un Adiós, es un ejercicio de exposición. Una ventana a la que asomarse para conocer la realidad de una España que pertenece a unos pocos y, a su vez, un espejo en el que esa España pueda observar su propia identidad.
La novela se edita desde la colección de Episodios Nacionales de la editorial Lengua de Trapo, un proyecto literario donde un creador —novelista, ensayista, cronista— reescribe un episodio de la historia de España. La instantánea elegida esta vez ha sido todo un riesgo: ficcionar la muerte del Rey Juan Carlos.
Retrato de clase
La consecuencia de cualquier vida es la muerte, pero no todas las muertes pesan sobre la conciencia colectiva de la misma manera. Narrar el fallecimiento de un rey y, por ende, revisar su existencia siempre ha sido un poco escamoso si la escritura y el hecho son coetáneos —escribir sobre el pasado tiene ese punto de ligereza que otorga el devenir de los años— y, sin embargo, Un Adiós aborda un funeral que todavía no ha tenido lugar.
"Desde el principio tuve claro que me apetecía retratar la España que yo conocía y pensé: '¿Dónde la puedo encontrar?' En un funeral. En ese momento fui consciente de que aquello podría encajar como un Episodio Nacional", asegura la autora. La novela de Arena utiliza el fallecimiento del rey de España para narrar lo opuesto: la vida. No la suya, si no la de una mujer que se cruza en su camino y las consecuencias que tiene para ella.
"Para mí era muy importante tener una mirada no cruel y mostrar respeto"
"Desde mis coordenadas sociales, yo tenía algo de miedo al escribir sobre esta figura. Por eso, para mí, era tan importante tener una mirada no cruel y mostrar respeto teniendo claro que Un Adiós es una fantasía donde hay elementos de realidad, pero también de ficción, por lo que no podía endosarle pecados al rey que no le corresponden", afirma Arena.
Desequilibrio
En Un Adiós confluyen dos protagonistas, la mujer a la que Arena elige y coloca en el centro de la historia y el hombre cuya presencia silenciosa vertebra toda la novela: "Es el retrato de un desequilibrio con la connivencia de un entorno, pero las consecuencias solo las paga ella", y añade que "mientras no existe una prueba de la relación sexual nadie se opone a ello, pero el nacimiento de su hijo es la consagración de ese pecado capital y saca a relucir toda la hipocresía que rodea la situación".
"La protagonista no se atreve a ir contra nada, pero tampoco se siente víctima"
Según avanzamos en la lectura y conocemos a la protagonista, sentimos la ternura con la que esa mujer ha sido construida en la imaginación de la escritora, quien asegura que "era como si ya la conociera", incluso "tenía clara su voz", antes de empezar a escribir. De la novela se descuelga "una mujer sobria y adulta, aunque estancada en un limbo temporal", un limbo de viejas costumbres, linajes y protocolos imposibles de disolver.
Ese mundo amordaza a su heroína, la convierte en una figurante que se siente "constreñida por los elementos", explica la autora: "No se atreve a ir contra nada, pero tampoco se siente víctima. Ha interiorizado las premisas de una vida que son el reflejo de la España que me interesaba retratar". Explica que ese país es uno en el que "la obediencia se da por hecha y se cuestiona poco", casi como un eco de la lealtad por el difunto.
Arquitectura
Vestir una novela es saber usar las palabras correctas para evocar un lugar y un contexto, y en Un Adiós, Bárbara Arena realiza un ejercicio impecable de estilismo porque cada palabra no elegida es una decisión consciente de quiénes son sus personajes y en qué contexto viven.
Rara vez los asuntos de coronas no se vuelven espinosos. Arena confiesa que con esta historia no quería "arrepentirse de nada" y que su mayor reto era "ver hasta dónde podía llegar". Sobre el estilo de su libro evoca un "clima de constreñimiento", una atmósfera surcada por ese enorme elefante africano en la habitación que genera "relaciones atravesadas por eufemismos" y donde, quienes habitan sus trópicos "nunca hablan de las cosas que ocurren", concluye la autora.
Lo más complicado del silencio es narrarlo porque se supone que no hay nada en la vacuidad, pero Bárbara Arena demuestra en Un Adiós que, en ese espacio liminal, se esconden códigos de lenguaje capaces de configurar las coordenadas de un país entero.
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