Cubierta de 'Anna Kadabra 18. El ladrón de varitas', de Pedro Mañas y David Sierra | Ilustración de David Sierra Listón / Ediciones Destino

Anna Kadabra ya habla 23 idiomas para más de dos millones de lectores y lo celebra presentándonos a su abuela

El ladrón de varitas es la decimoctava entrega de Anna Kadabra, una saga creada por Pedro Mañas y David Sierra que ya ha superado los dos millones de ejemplares vendidos y ha cruzado nuestras fronteras.

 |   | 31/07/2026

Pedro Mañas

Ilustraciones: David Sierra Listón

Editorial: Destino infantil

Año de publicación original: 2026

No nos cansamos de Anna Kadabra. Dieciocho entregas después, la saga sigue despertando una enorme ilusión cada vez que se anuncia un nuevo libro. Con más de dos millones de ejemplares vendidos y habiéndose traducido a más de 20 idiomas, las aventuras de esta pequeña y despistada aprendiz de bruja son de lo mejor que le ha pasado a la literatura infantil española en la última década.

Además de Anna Kadabra, Pedro Mañas mantiene vivas las series de 'Las princesas dragón' y 'Moztruos'

Pero si en su Club de la Luna Llena no se acaban las historias tenemos que agradecérselo a Pedro Mañas. Su talento para desarrollar tramas siempre entretenidas e incluso, como en estas ocasiones, abiertamente inquietantes, es descomunal. Más aún si pensamos que esta serie, de su puño y letra, no es la única que está llegando a las librerías.

Además del spin-off del mejor amigo de Anna, Marcus Pocus, Mañas tiene vivas las series de Las princesas dragón y Moztruos, ambos publicados por la editorial SM. Y dejó aparcada en 2022 una de sus creaciones más locas y divertidas, Los cazapesadillas, la cual recomiendo encarecidamente, aunque solo sea por el adorable y descacharrante personaje del robot Max.

Ágata Kadabra, llega la abuela

La aventura de El ladrón de varitas comienza con la aparición, por primera vez en toda la historia, de la abuela de Anna, Ágata. Una mujer imprevisible según su hija —adorable, según la nieta—, que va a visitar a la familia a Moonville. Con ella, Anna descubrirá que su pequeño hermano Otto no es el único que comparte magia con ella.

La abuela Ágata le informará que descienden directamente del primer brujo con magia arcoiris de la historia

Y no solo eso, la abuela Ágata le informará que descienden directamente del primer brujo con magia arcoiris de la historia y que sus varitas tienen un poder muy especial. Lo cual es bastante preocupante, teniendo en cuenta que han desaparecido las dos de manera misteriosa.

Una aventura así necesita, no hay otra manera, de los amigos del Club de la Luna Llena. Un puñado de secundarios de lujo que completan y mejoran las historias de esta saga.

Una pandilla de colores

Y es que si algo ha demostrado esta saga a lo largo de sus dieciocho entregas es que Anna nunca se enfrenta sola a lo que se le viene encima. Marcus Pocus —magia verde—, su mejor amigo y el brujo más molón de Moonville, es el primero en apuntarse a cualquier lío, lo que le ha convertido en uno de los personajes favoritos de los lectores —tanto que ya tiene su propia colección—.

A su lado, Ángela Sésamo —magia morada— aporta ese toque de locura y surrealismo necesario para superar los momentos más graves, siempre fiel a sí misma pase lo que pase; y Sarah Kazam —magia amarilla—, la mayor del grupo, pone el orden y la cabeza fría que se necesita cuando las cosas se tuercen, aunque sea a base de mandar un poco de más.

Conseguir que un niño pida el siguiente libro en cuanto termina el anterior es hacer magia de verdad

El último en llegar, Oliver Dark —magia negra—, añade ese punto de gamberrismo y cobardía, con un toque de buen corazón, típico de quien ha sido el malo del cuento hasta hace bien poco y hace esfuerzos por encajar sin querer que se le note la debilidad.

Y aquí está, para mí, una de las claves del éxito de Anna Kadabra. Más allá de los conjuros, los misterios y los giros de guion, lo que Pedro Mañas lleva dieciocho libros contando es la historia de un grupo de niños diferentes, unidos en una amistad muy real, de las que tienen aristas y grietas, pero se curan con comprensión y entendimiento.

Y a la hora de leerlo, todo rema a favor. Encontrarse con estos personajes es, para un niño, contemplarse ante un espejo amable. Y si encima los capítulos son cortos, repletos de acción y fáciles de leer, las ilustraciones acompañan y el fondo es blanco, Anna Kadabra se convierte en una saga de éxito tan brutal como el que está teniendo. Y conseguir que un niño o una niña pida el siguiente libro en cuanto termina el que está leyendo, eso sí que es hacer magia de verdad.

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