El antídoto contra el fin del mundo se llama Maruja Torres
La periodista barcelonesa regresa con Cuanta más gente me jode, más buenos momentos tengo un nuevo volumen de memorias que mezcla rabia contra los canallas y ternura hacia los pequeños gestos de la vida.
Maruja Torres
Editorial: Temas de hoy
Año de publicación original: 2026
Tiene Maruja Torres esa cualidad envidiada por muchos —entre los que me incluyo, por supuesto— de hipnotizar con las palabras. No importa si está contando una guerra en el Líbano, una cena en Barcelona o el encuentro con un psicoanalista lacaniano en un hotel de ciudad desconocida.
'Cuanta más gente me jode, más buenos momentos tengo' es la continuación natural del libro que publicó en 2024
El resultado siempre es el mismo. Uno empieza a leer y ya no puede parar. A sus 83 años, con más de medio siglo de periodismo y literatura a su espalda, eso no ha cambiado ni un maldito ápice.
Cuanta más gente me jode, más buenos momentos tengo es la continuación natural de Cuanta más gente se muere, más ganas de vivir tengo, el libro que publicó en 2024 y que fue, en palabras de la propia Torres, "un testamento vital". Este nuevo volumen mantiene el mismo espíritu pero cambia ligeramente el ángulo. Si aquel miraba de frente a la muerte, este mira de frente a los vivos.
A los que molestan, a los que decepcionan, a los que siguen ahí a pesar de todo. Y a los buenos momentos que, paradójicamente, todo eso genera.
La niña que no fue al colegio
María Dolores Torres Manzanera nació en 1943 en el Barrio Chino de Barcelona, ese trozo del Raval de hoy que entonces olía a miseria y a Mediterráneo. Su familia tenía tan poco dinero que su escolarización fue un quiero y no puedo. Así que a Maruja Torres le tocó aprender a leer por su cuenta.
Su familia tenía tan poco dinero que a Maruja Torres le tocó aprender a leer por su cuenta
Y parece que se bastó y se sobró porque a los 19 años ya trabajaba en el mundo del periodismo. Sin título oficial, sin red que la sostuviera, pero con una capacidad de observación que ya por aquel entonces resultaba desconcertante.
Tras pasar por decenas de medios, de guerras, de países y de atesorar premios, hace dos años, convenció a un joven editor llamado Sergi Álvarez para que la dejara escribir algo que no tenía forma de novela ni de crónica ni de nada que tuviese una etiqueta. El resultado fue esa especie de testamento vital del que hoy se descuelga este heredero espiritual.
Guerras, hoteles y taxistas
Cuanta más gente me jode, más buenos momentos tengo recorre escenarios tan dispares como los que siempre han poblado la vida de Torres. Guerras, hoteles, viejos amores, periodistas, médicos, discusiones editoriales y hasta un psicoanalista lacaniano. Alguien que solo puede aparecer en un libro de Maruja Torres.
La tesis central es que el mundo puede empeorar pero eso no obliga a entregar al diablo los buenos momentos
¿Narrativa? Olvidaos. Aquí no hay orden cronológico ni concierto. Sigue el orden que a ella le apetece. El de la conversación, que es el único que esta autora ha respetado siempre. Porque Torres es, antes que nada, una conversadora. Incluso en redes sociales, donde su presencia en X —tiene más de 260.000 seguidores—, por ejemplo, sigue siendo la de alguien que no ni puede ni quiere suavizar nada. Este libro recoge esa misma energía.
Las páginas de esta obra destilan una rabia contra los canallas históricos pero también ternura ante los pequeños gestos de calor y apoyo cotidianos. La tesis central, si me atrevo a sintetizar una, es que el mundo puede empeorar todo lo que quiera, pero eso no te obliga a entregar al diablo los buenos momentos.
Una voz única
Lo que diferencia a Maruja Torres de cualquier otro escritor de memorias es que nunca escribe para explicarse. Escribe pensando en voz alta. Cuanta más gente me jode, más buenos momentos tengo, se parece más, en ese sentido, a Mujer en guerra —sus crónicas de corresponsal de 1999— que a cualquiera de sus novelas. Hay algo de diario, algo de columna, algo de carta larga a alguien que quiera y sepa escuchar.
Hay en este libro algo de diario, algo de columna, algo de carta larga a alguien que quiera y sepa escuchar
Si leemos lo que la editorial dice de este libro, reza lo siguiente: "una defensa feroz de la alegría y la belleza en medio de un contexto donde las certezas se derrumban". Sin dejar de ser cierto, tengo que decir que es una afirmación demasiado seria. Confieso que me he reído a carcajadas en más de una página.
Maruja Torres lleva décadas demostrando que la rabia y la ternura no son contrarios. Que se puede estar furiosa con el mundo y encontrar placer en él al mismo tiempo. A los 83 años, y con este libro en la mano, no puedo sino estar totalmente de acuerdo con ella.
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