La autora de 'Niños dopamina', Michaeleen Doucleff con su hija | Cedida

Esta periodista científica desmonta el mayor mito de las pantallas: tu hijo no está enganchado porque le gusten

Michaeleen Doucleff, doctora en Química y periodista científica de la NPR, desmonta en Niños dopamina todo lo que creíamos saber sobre esta sustancia y ofrece un plan concreto para dejar de perder cada noche la batalla de las tablets.

AhoraQuéLeo
 |   | 26/06/2026

Michaeleen Doucleff

Traductora: Victoria Simó

Ilustraciones: Gabriela Trujillo

Editorial: Diana

Año de publicación original: 2026

Vamos a imaginar que somos padres y tenemos un problema con las pantallas. Creímos que por dejársela un ratito no iba a pasar nada. Y, de repente, cada noche, la misma historia. La misma batalla. La tablet hay que apagarla para irse a dormir. El niño llora, patalea, negocia, implora. Es un teatro, pero uno muy cansado. Es la peor hora para aguantar una rabieta. Porque ellos están cansados y nosotros también.

Entonces surge la pregunta: ¿Por qué reacciona así? ¿Por qué nunca tiene suficiente? La respuesta que da Michaeleen Doucleff en Niños dopamina es tan incómoda como reveladora. Tu hijo no llora porque le encante lo que ve en las pantallas. Llora porque su cerebro está atrapado en un bucle de querer más. Nunca está satisfecho.

Consejos que no funcionan

Doucleff no es una coach de crianza ni una influencer de la maternidad consciente. Es doctora en Química por la universidad estadounidense de Berkeley, periodista científica en NPR durante más de 14 años y ganadora de un premio Peabody por su cobertura del brote de ébola en África Occidental en 2015.

Su anterior libro vendió más de un millón de ejemplares en treinta idiomas y se convirtió en una referencia global sobre la crianza

Su anterior libro, Cazar, recolectar, criar vendió más de un millón de ejemplares en treinta idiomas y se convirtió en una referencia global sobre la crianza. Niños dopamina llega como continuación natural. Si aquel libro hablaba de cómo criar niños felices, este habla de cómo protegerlos de lo que está haciendo que no lo sean.

El punto de partida es su propia hija, Rosy, y el ciclo agotador de las batallas por poner fin al uso abusivo de las pantallas. Ella pensaba que si a su hija le encantaba ver dibujos animados en la tablet durante un rato, no había nada malo en ello. Pero Rosy nunca estaba satisfecha. Quería más y más.

Entonces Doucleff decidió seguir al pie de la letra todos los límites recomendados por los pediatras. Y, como seguro que os esperabais, no funcionó. Entonces hizo lo que cualquier buen periodista científico haría ante un problema: buscó en las fuentes acreditadas y en la literatura reciente. Y descubrió que la mayoría de los consejos que circulan sobre pantallas y dopamina se basan en investigaciones de hace 25 a 50 años.

La dopamina no es lo que crees

El gran hallazgo de este libro, y su aportación más valiosa, es desmontar el mito de la dopamina como molécula del placer. Porque la dopamina no nos hace disfrutar. Nos hace querer. Hay dos sistemas distintos en el cerebro. Uno que genera el deseo y otro que produce la satisfacción.

La mayoría de los consejos que circulan sobre pantallas y dopamina se basan en investigaciones de hace 25 a 50 años

La tecnología moderna los ha separado de forma quirúrgica. El resultado es que nuestros hijos, y nosotros mismos, seguimos queriendo más aunque lo que estemos haciendo no nos aporte ningún placer real. El scroll infinito de TikTok funciona exactamente igual que las aplicaciones diseñadas desde su origen para que nunca tengamos suficiente.

Las aplicaciones, además, no llegaron a ese resultado por accidente. En los años 2000, la industria tecnológica empezó a aplicar técnicas tomadas directamente de la industria de los juegos de azar con el objetivo explícito de mantenernos enganchados el mayor tiempo posible. A nuestros niños también.

El error del aburrimiento

Lo que distingue a Niños dopamina de otros libros sobre pantallas, incluido el imprescindible La generación ansiosa de Jonathan Haidt, es que no se queda en el diagnóstico. Ofrece un plan de cinco pasos concretos y aplicables. En todos ellos hay un principio capital que es, de todo, menos intuitivo. La solución no es decir "no" más veces. La solución es encontrar otras actividades que apetezca hacer más que estar pegado a una pantalla.

La solución es encontrar otras actividades que apetezca hacer más que estar pegado a una pantalla

Es añadir más alegría real a la vida familiar. Doucleff llama "error del aburrimiento" a la creencia de que si quitamos la pantalla a los niños y se aburren, encontrarán solos algo mejor que hacer. No funciona así. Nunca funciona así.

Lo que propone la autora de este ensayo es crear "santuarios". Es decir, espacios y momentos donde la opción sana se convierte en la opción por defecto, sin drama ni negociación diaria.

Es cierto, no obstante, que algunos de sus ejemplos prácticos vienen muy marcados por el contexto estadounidense y no siempre aterrizan igual en nuestros hogares. Pero el diagnóstico sobre cómo funciona el cerebro de nuestros hijos frente a una pantalla es tan preciso que merece la pena llegar hasta el final. Porque la batalla de la tablet, esa sí, la reconoce cualquier padre a este lado del Atlántico.

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