El autor Tore Skeie | Cedida

Este historiador demuestra que la era vikinga es tan rica en traición y ambición como 'Succession'

Tore Skeie llega a España con La era del lobo. Es la historia de Canuto el Grande, Etelredo el Indeciso y Olaf Haraldsson disputándose el control del mar del Norte. No es Juego de Tronos, pero podría serlo perfectamente.

 |   | 27/10/2026

Tore Skeie

Traducción: Laura Martínez

Editorial: Ático de los libros

Año de publicación original: 2018

El título original de este libro no es La era del lobo. Es Hvitekrist. Es decir, El Cristo Blanco. Ese cambio para nuestro mercado dice mucho sobre cómo se suele vender la Edad Media. Ponemos al frente la violencia porque vende para esconder la verdadera complejidad de la Historia. Pero lo que Tore Skeie hace en este libro es exactamente lo contrario.

El título original es 'El Cristo Blanco'. Un cambio para el mercado español que dice mucho sobre cómo vendemos la Edad Media

Skeie nació en Gjøvik, Noruega, en 1977, y es uno de los historiadores medievales más reconocidos de su país. No es un académico encerrado en un despacho: es alguien que lleva mucho tiempo convencido de que la historia bien contada, casi teatralizada, es literatura.

Para Skeie, el mar del Norte funcionaba como una especie de autopista que conectaba distintas comunidades e ideas. Es una imagen que se forma en la mente con mucha facilidad. Es un símil muy visual y resume perfectamente lo que hace en este libro.

La era del lobo desmonta la postal del vikingo bárbaro y muestra un mundo interconectado, político, económico y religioso que reconocemos perfectamente porque en muchos aspectos no ha cambiado tanto.

El mundo que se repartían

El libro arranca con una muerte. La de Snorri Sturluson, el poeta y cronista islandés del siglo XIII que escribió las sagas que hoy usamos para entender a los vikingos. Es una decisión narrativa brillante porque empieza por el hombre que contó la historia antes de contar la historia misma. Porque para Sturluson, la trayectoria de ascenso y caída del poder vikingo representaba un estudio práctico del arte eterno del poder.

El libro arranca con una muerte. La de Snorri Sturluson, el poeta y cronista islandés del siglo XIII

Lo que viene después es un triángulo de personajes que compite en intensidad dramática con cualquier serie de televisión de ahora mismo. Es que podría ser 'Succession'. Cualquier episodio en el que los Roy se tiran los trastos a la cabeza para heredar el imperio de su padre. Cambiad a los hermanos por estos personajes que sí existieron de verdad.

Etelredo el Indeciso, rey de Inglaterra, que lleva décadas pagando el danegeld, ese tributo formado por miles de monedas de plata que les costea a los vikingos sus propias invasiones, esperando comprar una paz que nunca llega.

Canuto el Grande, danés, que sueña con un imperio que abarque Dinamarca, Noruega e Inglaterra. Y Olaf Haraldsson, el más fascinante de los tres: un saqueador que se convierte al cristianismo y acaba siendo canonizado, un hombre que usa a Dios como lo que realmente era para él, un poderoso dios de la guerra que otorgaba victorias y fortuna en el campo de batalla.

La religión política

Aquí está el gran hallazgo de La era del lobo y lo que lo distingue de la mayoría de los libros sobre vikingos. Skeie no trata la conversión al cristianismo como un proceso espiritual sino como una maniobra geopolítica. La adopción de esta religión fue, ante todo, una herramienta de negociación política y militar necesaria para sellar alianzas con príncipes europeos y legitimar el poder dinástico.

Los vikingos se convirtieron al cristianismo porque necesitaban los contactos y la legitimidad del club cristiano

Los reyes vikingos no se convirtieron porque vieran la luz. Se convirtieron porque necesitaban los contactos, el dinero y la legitimidad que daba pertenecer al club cristiano.

Eso, leído desde este 2026, suena muy familiar, ¿no? El poder vistiendo de fe lo que en realidad es un frío cálculo para seguir exprimiendo la poltrona. Los aliados que se eligen no por valores compartidos sino por intereses comunes. La historia como una negociación permanente en la que los principios aparecen cuando convienen.

Lo que Skeie hace que otros no

Si tenemos que fijarnos en otra obra con la que comparar esta, es inevitable no pensar en Los reyes malditos de Maurice Druon, la saga de la Francia medieval que inspiró a George R.R. Martin antes de escribir Juego de Tronos. Ambos libros comparten esa misma convicción de que la historia medieval es tan rica en traición, ambición y movimiento político como cualquier ficción que podamos inventar. Pero donde Druon necesitaba siete novelas, Skeie lo hace en solo 360 páginas de ensayo.

En La era del lobo no sólo leemos. Lo vemos. Asistimos a lo que pasa porque la prosa de Tore Skeie rivaliza con la mejor ficción bélica. El libro entrelaza las vidas de tres líderes formidables que se disputan el destino de Europa Occidental. Skeie trabaja con crónicas, sagas y poesía escáldica, pero los maneja con la mano de alguien que sabe que un lector del siglo XXI algo más que erudición. Necesita tensión.

En 'La era del lobo' no sólo leemos. Lo vemos. La prosa de Tore Skeie rivaliza con la mejor ficción bélica

Hay algo también de la mejor tradición del ensayo histórico anglosajón, del Norman Davies de Europa o del Tom Holland escritor de Rubicón, en la manera en que Skeie sitúa al lector dentro del momento sin perder la perspectiva del historiador. Sin convertir a ninguno de sus protagonistas en monstruo ni en héroe.

Su propósito es apartarse de ambas imágenes contrapuestas y, en la medida de lo posible, observar a los hombres del Norte sin convertirlos ni en monstruos ni en héroes. Y vaya si lo consigue. Cuando se cierra el libro, Canuto, Etelredo y Olaf son hombres que tomaron decisiones en circunstancias difíciles y que a veces acertaron y a veces no. Igual que ahora. Igual que siempre.

A Tore Skeie le concedieron el premio Sverre Steen, el galardón más prestigioso de la historiografía noruega. Y se lo dieron por una razón. Leedlo y entenderéis por qué.

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