Lucía Galán Bertrand | Cedida

Lucía, mi pediatra nos echa una mano con el momento más complicado de nuestros hijos: su adolescencia

La Dra. Lucía Galán Bertrand, más conocida como Lucía, mi pediatra, se ayuda de la ciencia y del sentido común para ayudar, en Adolescencia, a madres y padres a comprender los cambios que experimentan sus hijos.

 |   | 14/09/2026

Dra. Lucía Galán Bertrand

Editorial: Planeta

Año de publicación original: 2026

Cuando eres padre, hay multitud de ocasiones en las que tienes dudas, la realidad te plantea una situación para la que no tienes respuesta y te sientes impotente, incapaz de sacar a tu hijo del atolladero. A veces ese atolladero es pequeño, como una rabieta intensa o una desobediencia persistente, retadora, pero infantil.

Los caminos oscuros que acechan su futuro son tantos que, como padres, nos sentimos aterrados y desamparados

Pero cuando esos niños crecen y se adentran en la adolescencia esos momentos se convierten en una pesadilla, porque les ves asomarse a abismos más serios, a problemas que pueden tener repercusiones en su vida adulta. Y entonces no saber qué hacer genera una fuerte frustración y un miedo paralizante.

Rechazo de su propia imagen, de su propio cuerpo, tristeza, apatía, temor a no ser aceptado entre sus amigos —lo que lleva a comportamientos temerarios, a alejarse de lo que han sido hasta ahora—. Los caminos oscuros que acechan su futuro son tantos y tan diferentes que, como padres, nos sentimos aterrados y desamparados.

Tu doctora de confianza

Por eso es de agradecer que quien te ha acompañado con buenos consejos a lo largo de toda la infancia de tus hijos, siga ahí cuando las cosas se ponen feas de verdad. Y con esto me refiero a la doctora Lucía Galán Bertrand. Esta pediatra ganó popularidad haciendo divulgación de la salud infantil y sus libros fueron referentes para miles de familias.

A los primeros manuales les siguieron los cuentos infantiles, que ayudaban a niños y adultos a entender problemas básicos de la infancia, como los virus, los piojos, las vacunas o las caries. Gracias a todo este trabajo, Lucía, mi pediatra, ha conseguido llegar a más de millón y medio de lectores. Familias que han encontrado en su voz un faro esencial con el que afrontar la educación de sus hijos.

Educamos a nuestros hijos en una sociedad compleja y no hay consejo util que no tenga en cuenta el contexto

Y si lo ha conseguido ha sido gracias a saber mezclar información con sentido común. Todos sus consejos tienen una base científica demostrada, pero no los suelta como una cátedra inamovible ni los impone como ley definitiva, sino que aplica la comprensión y el conocimiento de que, la mayoría de las veces, los padres afrontamos los retos de educar a nuestros hijos cansados, cargados de ocupaciones y atentos a mil y una cosas distintas.

Porque chuches y dulces no, pero si celebramos un cumpleaños habrá que tomarse una porción de tarta. Es decir, educamos y cuidamos a nuestros hijos en una sociedad compleja. Y no se pueden dar consejos útiles sin tener en cuenta el contexto en el que estamos.

Con amor y ternura

En Adolescencia Lucía Galán Bertrand empieza por lo básico. Tener 14 años no es ser adulto. Y si somos comprensivos con nuestros hijos pequeños cuando se comportan como niños, tenemos que entender también a los adolescentes cuando tienen comportamientos que se alejan de los estándares de los adultos.

Además, mientras sus emociones se van volviendo cada vez más complejas, su cerebro no evoluciona a la misma velocidad. Por eso les cuesta más ser conscientes de los peligros o manejar situaciones que para nosotros pueden parecer superfluas o incluso ridículas. Saber cómo funciona su cerebro puede ayudarnos y mucho a comprenderles.

Tienen que tener claro que, en este momento tan incierto, estaremos a su lado siempre que sea necesario

Porque esa es nuestra verdadera misión como padres: mantenerlos a salvo y comprenderlos. Con amor y ternura. Hacerles conscientes de que estamos a su lado, que les entendemos aunque no tengamos la respuesta a sus problemas. Porque serán ellos los que tendrán que recorrer su propio camino, solos y, muchas veces, a espaldas de sus padres. Y está bien.

Necesitan estar encerrados en su cuarto, necesitan no contarnos cosas. Incluso necesitan enfrentarse a nuestra autoridad de vez en cuando. Pero tienen que saber que estamos ahí, que los límites son firmes pero se pueden desplazar si se ganan nuestra confianza. Y sobre todo, tienen que tener muy claro que en este momento tan incierto de su vida, estaremos al otro lado dispuestos a ayudarles siempre que sea necesario.

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