'Muerte en el club de lectura', de Ana González Duque: un debut brillante en el cozy crime español
Esta escritora cambia de género con una novela donde el crimen es solo la excusa para levantar las alfombras y destapar la hipocresía de una comunidad.
Ana González Duque
Editorial: Newton Compton
Año de publicación original: 2026
Por César G. Antón
Hay autores que cambian de género y parece que han pedido prestado el traje. Ana González Duque —más de una decena de libros publicados— se ha pasado al cozy crime y da la sensación de que llevaba años escondiendo cadáveres en el armario.
Conviene explicar qué eso del cozy crime. Es, más o menos, una novela de misterio amable: hay un muerto, pero sin mucha sangre; hay sospechosos, secretos y crimen, pero también cafés, librerías, pueblos encantadores y personajes con los que uno se iría a tomar algo. Un asesinato, sí, pero acogedor. Parece una contradicción, aunque los ingleses llevan décadas demostrando que se puede encontrar un cadáver y aun así llegar a tiempo al té.
Y luego está el feel good, otro anglicismo para explicar algo que antes resolvíamos diciendo: "Este libro te deja buen cuerpo".
Recordando a Agatha Christie
Entré en Muerte en el club de lectura esperando encontrarme bastante de eso. Conociendo a González Duque, imaginaba algo más cercano a Miss Merkel, de David Safier, o a El club del crimen de los jueves, de Richard Osman. Humor, personajes entrañables, cierta ligereza y ese talento que tiene la escritora canaria para firmar novelas que uno cierra con olor a primavera y sabor a jengibre.
Lo verdaderamente interesante, además de averiguar quién es el asesino, es empezar a levantar las alfombras
Y resulta que no. O no del todo. Porque mientras leía Muerte en el club de lectura me fui acordando cada vez menos de Osman o Safier y bastante más de Agatha Christie.
Pero no de la Christie de Hércules Poirot, la de los hoteles de lujo, trenes, cruceros, mansiones y un grupo de personas elegantísimas que tienen la extraña costumbre de coincidir siempre con un asesinato. Ana González Duque se adentra en el territorio de Miss Marple.
Montealto, el tranquilo —y ficticio— pueblo cercano a Valladolid donde transcurre la novela, funciona como funcionaba St. Mary Mead: parece uno de esos lugares donde nunca pasa nada y precisamente por eso sospechas que ha pasado absolutamente de todo.
Mientras leía este libro me fui acordando cada vez menos de Osman o Safier y bastante más de Agatha Christie
El corazón del pueblo es la librería Los Libros Dorados. Alrededor de ella se reúne un club de lectura. Hasta que el periodista estadounidense Jack Roswell aparece muerto en el despacho de la librería.
A partir de ahí lo verdaderamente interesante, además de averiguar quién lo hizo, es empezar a levantar las alfombras. Y debajo aparecen secretos, pasados que nadie quiere contar, relaciones que no eran exactamente lo que parecían y esa hipocresía de pueblo pequeño que Agatha Christie comprendió mejor que casi nadie: todos se conocen, todos saben algo de todos y, al mismo tiempo, nadie conoce realmente a nadie. Y cuanto más tranquila parece la superficie, más ganas tienes de rascar.
Ahí creo que está uno de los grandes aciertos de Ana González Duque. Montealto no pretende ser Baltimore, ni necesita un psicópata que coleccione orejas en el garaje. Pero te atrapa porque te imaginas siendo un vecino más.
El crimen es la excusa; la comunidad es el misterio
Hay humor, claro. Hay calidez. Hay personajes con los que apetece quedarse. Sigue estando esa facilidad de González Duque para construir historias que se leen con enorme placer.
Hay humor, claro. Hay calidez. Hay personajes con los que apetece quedarse
Pero debajo hay algo más oscuro de lo que yo esperaba. Más clásico. Más literario.
El cozy crime tiene el peligro de convertirse en una colección de señoras simpáticas, bizcochos recién hechos y cadáveres oportunamente discretos. Aquí hay personajes, secretos y una comunidad suficientemente bien construida como para que el lector quiera descubrir no solo quién ha matado, sino quién es realmente cada uno.
El libro va a funcionar
Y voy a cometer la imprudencia de hacer una predicción literaria, una actividad con la misma fiabilidad que pronosticar en septiembre quién va a ganar la Liga: creo que Muerte en el club de lectura va a venderse mucho y bien. Si ocurre, recordaré este párrafo durante años. Si no ocurre, siempre podremos llamarlo wishful thinking. Que suena bastante mejor que asumir que la ilusión me hizo equivocarme.
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