Eugenesia, racismo y mujeres: la historia real y oscura que se vivió en Estados Unidos tras el crack del 29
Estados Unidos no ha sido siempre esa democracia ejemplar que su propaganda se empeña en vender. En los años 30, varios estados aprobaron un plan de eugenesia para acabar con las "personas débiles".
Hay una palabra que suena a ciencia ficción distópica pero que fue política real, firmada y ejecutada en la democracia occidental más potente del siglo XX. Esa palabra es eugenesia. Evidentemente, no estamos hablando de la Alemania nazi —que también—. Hablamos de Estados Unidos. Del país que se vendía al mundo entero como el gran faro de la libertad mientras esterilizaba por la fuerza a sus ciudadanos más vulnerables.
El plan que copió Hitler
En 1907, Indiana fue el primer estado de la unión en aprobar la Ley de esterilización forzosa. Le siguieron Washington, California, Connecticut y Nueva Jersey. Para 1928, cuando Misisipi se unió al club, ya no era una anomalía. Era una tendencia. Una política pública respaldada por médicos, jueces y legisladores convencidos de que podían limpiar el árbol genealógico de la nación.
El gran faro de la libertad esterilizaba por la fuerza a sus ciudadanos más vulnerables
Los objetivos eran los mismos que siempre molestan a los de arriba: alcohólicos, personas con discapacidad, epilépticos, prostitutas y cualquier mujer que se saliera del guion que la sociedad le había escrito. Personas a las que el estado consideraba "débiles mentales" y cuya descendencia, según esta lógica aberrante, supondría una carga para la sociedad.
En Misisipi aquello tuvo un nombre propio y quirúrgicamente eufemístico: la apendicectomía de Misisipi. Una operación que no extirpaba el apéndice, sino la posibilidad de ser madre. El programa se cebó especialmente con la población negra y femenina. No es casualidad. Era el sur profundo de Estados Unidos. El mismo que décadas después necesitaría leyes federales para garantizar los derechos civiles básicos a sus ciudadanos negros.
Y mientras todo esto ocurría al otro lado del Atlántico, un tal Adolf Hitler tomaba nota. Franco también, ¿eh?, pero eso es otra historia. Volviendo a lo que nos ocupa, el programa de eugenesia de California fue el modelo en el que se inspiró el Führer para desarrollar su propio plan de pureza racial en el III Reich. Llegó incluso a invitar a uno de sus ideólogos a dar una conferencia en Alemania. El mundo, a veces, es mucho más oscuro de lo que queremos creer.
Un negocio redondo llamado ciencia
Pero la eugenesia no llegó sola a Estados Unidos. Llegó envuelta en el prestigio de la ciencia y financiada por el dinero de las grandes fortunas del país. La familia Harriman, los Carnegie o los Rockefeller sufragaron instituciones enteras dedicadas a estudiar cómo mejorar la raza humana eliminando a los menos aptos.
El Eugenics Record Office, fundando en 1910 en Nueva York, fue durante décadas el centro neurálgico de esta pseudociencia. Recopilaba datos genealógicos, elaboraba informes y asesoraba a legisladores sobre a quién había que esterilizar.
La definición de "no apto" resultó ser extraordinariamente elástica
El problema era que la definición de "no apto" resultó ser extraordinariamente elástica. Empezó por las enfermedades hereditarias y acabó abarcando la pobreza, la inmigración, la raza y cualquier comportamiento que se alejara de la norma protestante y anglosajona. No era ciencia. Era ideología con bata blanca.
En 1927, el Tribunal Supremo de Estados Unidos le dio su bendición en el caso Buck contra Bell. Carrie Buck era una joven de Virginia a la que consideraban débil mental, hija de una madre también considerada débil mental y que había dado a luz a una hija fruto de una violación.
El juez Oliver Wendell Holmes escribió una de las sentencias más escalofriantes de la historia jurídica de aquel país. "Tres generaciones de imbéciles son suficientes". Carrie Buck fue esterilizada. Tenía 21 años. Aquella sentencia nunca ha sido formalmente revocada.
La semilla de un horror mayor
Cuando los nazis llegaron al poder en 1933, una de sus primeras medidas fue aprobar la Ley para la Prevención de la Descendencia con Enfermedades Hereditarias. Sus redactores citaban expresamente la legislación estadounidense como inspiración.
Entre 1933 y 1945, el régimen nazi esterilizó a entre 300.000 y 400.000 personas
Juristas alemanes estudiaron con admiración el modelo norteamericano. Algunos llegaron a lamentar que Alemania fuera por detrás en ese terreno. Entre 1933 y 1945, el régimen nazi esterilizó a entre 300.000 y 400.000 personas. Lo que empezó en los despachos de Nueva York y en los parlamentos del sur de Estados Unidos acabó convirtiéndose en el preludio intelectual del Holocausto.
No son los mismos crímenes, pero sí la misma lógica. La idea de que hay vidas que valen menos que otras y que el estado tiene derecho a decidir cuales.
Todo eso, ese peso histórico sepultado durante décadas bajo la alfombra del sueño americano, es el suelo sobre el que Kathryn Stockett construye El club de las indomables, su esperada segunda novela, quince años después de Criadas y señoras. Un recordatorio de que las distopías, las peores, no siempre son de ficción.
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