Autonómicas del 8F
¿A quién beneficia el voto en blanco, el voto nulo y la abstención en las elecciones de Aragón?
Además de la elección de una candidatura u otra, en unos comicios existen otras formas de participar (o de no hacerlo), como el voto en blanco, el voto nulo o la abstención.
Las elecciones autonómicas que se celebran en Aragón este 8 de febrero de 2026 no solo suponen una cita clave para decidir quién gobernará la comunidad, sino que también ponen sobre la mesa conceptos que, aunque menos conocidos, forman parte del proceso democrático: el voto nulo, el voto en blanco y la abstención. Estas tres opciones representan formas distintas de ejercer o no ejercer el derecho al sufragio, y cada una tiene efectos diferentes sobre cómo se interpreta la participación ciudadana y los resultados finales
En primer lugar, una de las posibilidades que tiene cualquier elector es emitir un voto nulo. Según la legislación que regula los procesos electorales en España, un voto se considera nulo cuando no cumple con las reglas formales establecidas. Esto ocurre, por ejemplo, si el sobre o la papeleta no son los modelos oficiales, si se han introducido varias papeletas de distintas candidaturas o si hay tachaduras o marcas que no permiten identificar la intención del votante. El resultado es que ese voto no se contabiliza dentro de los votos válidos, aunque sí queda reflejado como parte del total depositado en la urna.
Por otra parte, también está la opción de votar en blanco. A diferencia del voto nulo, el voto en blanco sí se considera válido. En unas elecciones autonómicas, como las de Aragón, esto suele implicar introducir en la urna un sobre vacío o uno con una papeleta de una candidatura retirada. Esta acción quiere simbolizar que el votante participa del proceso democrático pero no apoya a ninguna de las opciones presentadas. El voto en blanco se contabiliza como parte de los votos válidos, aunque no se adjudica a ninguna lista.
La abstención, por su parte, es una decisión diferente: no acudir a votar en absoluto. Cuando un elector decide no presentarse en su colegio electoral el día de las elecciones, ese hecho no entra en el recuento de votos depositados, aunque sí se refleja en las estadísticas de participación. Es decir, la abstención no altera directamente el reparto de escaños ni se registra como voto emitido, pero es un indicador de la implicación democrática de la ciudadanía.
Entender estas diferencias es especialmente importante en Aragón, donde las encuestas muestran un panorama político ajustado y un alto grado de incertidumbre en torno a la participación. La forma en que los ciudadanos elijan votar —o no hacerlo— puede influir en la percepción pública sobre la legitimidad de los gobiernos que surjan de estos comicios. Y es que la suma de votos nulos, en blanco o la abstención puede ofrecer un reflejo del nivel de descontento o insatisfacción con las opciones políticas disponibles.
Además, aunque el voto en blanco se considera válido y cuenta dentro del total, no beneficia directamente a ningún partido. Su importancia radica más en la señal política que envía: un número elevado de votos en blanco puede interpretarse como un rechazo generalizado a las candidaturas presentadas, sin renunciar a ejercer el derecho a voto. Esta particularidad diferencia claramente al voto en blanco de la abstención, que simplemente indica ausencia de participación.
Pero sí se puede considerar que perjudica a las candidaturas más pequeñas, dado que por el funcionamiento de la Ley d'Hondt, si aumenta el número de votos en blanco, se dificulta el acceso a escaño principalmente de los partidos pequeños: el porcentaje mínimo necesario para obtener escaño sólo se calcula en base a los votos válidos.
Por otro lado, el voto nulo, al no ser considerado válido, no influye en el cálculo de votos que determinan el reparto de escaños. Sin embargo, este tipo de voto puede ser una forma de protesta de sectores de la ciudadanía que no encuentran una alternativa política satisfactoria pero quieren manifestar su descontento dentro de la urna.
En resumen, cuando los aragoneses acudan a renovar el Parlamento de su comunidad, tendrán múltiples formas de expresar su voluntad o su insatisfacción con el panorama político. Más allá de elegir a uno u otro partido, optar por votar en blanco, nulo o incluso abstenerse tiene implicaciones distintas para la interpretación democrática de los resultados y ofrece distintas maneras de transmitir mensajes políticos en unas elecciones marcadas por la competitividad y la diversidad de opciones.
*Sigue a laSexta en Google: la actualidad y el mejor contenido aquí.