DEL BMW ISETTA AL MICROLINO
Leyenda de la micromovilidad, su electrificación no ha sido el único cambio de época. En tiempos de coches pequeños ya no tan pequeños como antes, este modelo de culto no es la excepción.
Hay rasgos que no cambian. La puerta frontal es el sello distintivo y de allí no se moverá jamás. No hay normativa que pueda contra ella. Por otro lado, las transiciones inevitables, las que no pueden escaparle al contexto. No me refiero únicamente a la electromovilidad. Se evidencia en este caso la evolución de las redimensiones. Están los microcoches y luego los símbolos de la micromovilidad, el microcoche por excelencia: el BWM Isetta y su sucesor.
Más de 70 años han pasado desde aquella aparición en Turín, cortesía de Iso Rivolta, tras la cual el fabricante alemán compró los derechos para salir del riesgo de quiebra sin tener que asumir altos costes de producción. Hoy, el legado del urbanita emblema vive en el Microlino, el eléctrico que sirve para trazar el paralelismo entre pasado y presente, pero también para comparar especificaciones.
De producción italiana, el actual modelo no se caracteriza únicamente por sus niveles de baterías, autonomía y calidad general. En sus medidas –aumentadas medidas– se reflejan las necesidades de época. Para un coche de su tipo, los 2,51 metros de longitud, la anchura de 1,47 metros y el metro y medio exacto que registra a lo alto parecen demasiado, pero se entienden por las prioridades en materia de seguridad.
Ya sea por el espacio que demandan los actuales estándares de equipamiento de seguridad o bien debido a las estructuras utilizadas para incrementar la protección mediante zonas de deformación ampliadas con el objetivo de absorber la energía de los impactos–el Microlino se monta sobre una célula monocasco de acero y aluminio–, los coches han crecido de manera sustancial.
Este mini urbano no es la excepción y el contraste entre el eléctrico y el tradicional no requiere cinta métrica. Basta con colocar uno junto al otro para notar la diferencia del Microlino con el que necesitaba apenas 2,35 metros de largo, 1,38 de ancho y 1,34 de altura. Del clásico al de batería y en el medio, por qué no, un ejemplar experimental funciona para graficar la transición en la línea de tiempo: un BMW Isetta como el de toda la vida, pero que pocos años atrás recibió un motor eléctrico para que acompañara al monocilíndrico.