Pintor en tiempos convulsos

Sale a subasta un cuadro del retratista republicano de Franco: de su amistad con Lorca a hacer propaganda para el régimen

Los detalles Juan Antonio Morales fue detenido y depurado tras la guerra. Al salir consiguió trabajo en el servicio de plástica de propaganda gracias a un amigo.

Francisco Franco fue retratado por un pintor republicano y uno de esos cuadros, de más de dos metros de altura, ha salido a subasta por 1.200 euros. El autor de la obra es Juan Antonio Morales. El artista comenzó en los círculos artísticos de Pablo Neruda o Miguel Hernández, y llegó a colaborar en iniciativas como La Barraca, con Lorca.

Previamente, había servido en el bando republicano durante la guerra, donde ilustró publicaciones destinadas a soldados y por lo que fue encarcelado. Años después, el artista tomó un rumbo completamente distinto: su mujer le introdujo en la élite madrileña, donde acabó recibiendo multitud de encargos: desde la Casa de Alba al mismísimo Franco.

El dictador solo posó para uno de los cuadros que le pintó Morales, y el artista acudió a la cita completamente asustado. Había sido detenido y depurado al final de la Guerra Civil por su colaboración con la República y temía que Franco ordenara su detención en cualquier momento. Pero no. Morales hizo ese retrato y no pasó nada. Al contrario, a ese retrato le siguieron más.

Relaciones con los republicanos

La historia de Morales es como la de tantas personas de esa época, que vivieron con amigos en los dos bandos y que estuvieron atrapados, primero en una guerra, y luego en una dictadura en la que había que sobrevivir.

Llegó a Madrid en 1931, durante la República. En la capital conoció al pintor José Caballero, que le presentó a Lorca, con el que acabó teniendo amistad. Frecuentó junto al escritor la residencia de estudiantes y participó con él en el grupo de teatro La Barraca, al que le hizo el cartel de 'Yerma'.

Morales se iba a trasladar a Valladolid, su provincia natal, antes de que empezara la guerra. Pero una vez estallado el conflicto, se quedó atrapado en Madrid. Sus amigos estaban en la Alianza de Intelectuales Antifascistas y él se apuntó. Ahí ilustró un romancero gitano para los soldados y dibujó caricaturas para la propaganda.

En una de ellas, salían los nacionales, la iglesia, los nazis y la guardia mora... No la firmó, e hizo bien, ya que al que se le atribuyó el panfleto le fusilaron. Morales, sin embargo, solo acabó detenido y depurado.

Tras la guerra, entró en el servicio de plástica de propaganda gracias a su amigo José Caballero, que estuvo con los sublevados de la Falange. Acabaron trabajando haciendo figurines para cine, aunque Morales se dedicó también a los retratos.

Se hizo muy popular gracias a un retrato que hizo de los Reyes Católicos y, a partir de ahí, empezó a trabajar para multitud de personas de la alta sociedad. Tanto fue su trabajo con la élite española que llegó a decir a su biógrafa, Laura Arias Serrano, que "acabó harto de tanta pija".

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