Una operación estudiada

Una guerra, al margen de aliados y leyes: Trump, su operación 'Furia Épica' y el colapso deliberado de la diplomacia

Los detalles La ofensiva de Trump rompe su promesa de evitar guerras y sirve para reivindicar un poder militar que dice haber reconstruido: "EEUU tiene el ejército más fuerte del mundo".

Donald Trump ha celebrado el inicio de la ofensiva militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, denominada por Washington como 'Operación Furia Épica' y por Tel Aviv como 'Operación Rugido del León'. El operativo, lanzado el pasado sábado contra múltiples objetivos estratégicos iraníes, supone una escalada drástica en el conflicto con Teherán y ha provocado una profunda conmoción internacional.

Desde la Casa Blanca, Trump ha defendido la acción como "una de las ofensivas más grandes y complejas que el mundo haya visto", destacando la magnitud del despliegue militar y los objetivos alcanzados en territorio iraní. En sus declaraciones ha argumentado que la campaña busca debilitar las capacidades defensivas de Irán y neutralizar amenazas potenciales, además de frenar cualquier aspiración nuclear que, según él, supondría un peligro para la seguridad global.

La ofensiva ha incluido bombardeos a instalaciones militares, sistemas de defensa y centros de mando, coordinados con las Fuerzas de Defensa de Israel. Además, en una conversación telefónica con el diario británico Daily Mail, Trump señaló que la guerra "podría durar unas cuatro semanas".

Para justificar la operación, el líder republicano apeló a lo que definió como una necesidad histórica: impedir que un régimen al que calificó como "el principal patrocinador del terrorismo" acceda a misiles de largo alcance y armas nucleares."No vamos a permitir que ocurra", insistió. Trump vinculó la campaña directamente a la seguridad de Israel y presentó la intervención como una obligación moral para proteger a las futuras generaciones.

Con este giro, Trump ha dejado de lado su promesa electoral de evitar conflictos en terceros países y ha reivindicado el poderío militar que asegura haber reconstruido durante su mandato. "Estados Unidos tiene el ejército más fuerte que el mundo ha visto", ha proclamado en intervenciones públicas.

Sin embargo, la ofensiva no ha estado exenta de costes. Las bajas entre tropas estadounidenses y la escalada de tensiones han debilitado su popularidad, justo cuando se acercan las elecciones de mitad de mandato, una situación que analistas interpretan como una posible estrategia electoral compartida con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

Este acercamiento agresivo ha impactado también en la diplomacia y en el respeto al derecho internacional. Antes de esta operación, la administración Trump ya había ejecutado acciones militares en países como Venezuela y había protagonizado incidentes bélicos sin pruebas concluyentes en regiones como el Caribe y Centroamérica, además de tensiones con Groenlandia y Canadá en meses recientes.

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