Estado del bienestar
La sepiolita detrás de las Lagunas de Ambroz: el mineral que el Gobierno de Ayuso antepone a los vecinos
Sí, pero... Más Madrid lleva el caso ante la Fiscalía y acusa al Ayuntamiento de Almeida de favorecer la reapertura de una explotación minera en un enclave de alto valor ecológico.
Resumen IA supervisado
Las Lagunas de Ambroz, en Madrid, son el centro de un conflicto entre vecinos y el Gobierno de Ayuso. Este espacio, que surgió tras el cierre de una mina en 2007, se ha convertido en un refugio de biodiversidad. Sin embargo, la Comunidad de Madrid quiere reabrir la explotación minera basándose en una concesión de 1977, argumento que Más Madrid rechaza, denunciando la falta de consideración hacia la evolución ambiental del área. La sepiolita, un mineral ahora valioso para la nanotecnología, es la causa de esta disputa. El PSOE también critica la reapertura, considerándola incompatible con los planes de renaturalización.
* Resumen supervisado por periodistas.
Durante casi 20 años nadie ha querido saber demasiado de las Lagunas de Ambroz, en plena capital madrileña. El equipo del Estado del Bienestar de laSexta ha estado allí para comprobar por qué ahora forman parte de una batalla vecinal contra el Gobierno de Ayuso por su conservación.
Las lagunas eran una antigua mina que cerró en 2007. El agua ocupó los huecos de las excavadoras y la naturaleza hizo su trabajo. Y donde había una explotación minera acabó apareciendo uno de los espacios con mayor biodiversidad del este de Madrid. Hasta que alguien volvió a mirar bajo tierra. Porque lo que hay debajo de las Lagunas de Ambroz no es cualquier cosa. Es sepiolita.
El mineral que lo explica todo
La sepiolita, durante años, fue un mineral asociado a algo tan poco glamuroso -explican geólogos consultados por laSexta- como las arenas para gatos o los absorbentes industriales. Pero eso ha cambiado, y mucho. Desde hace unos años, la sepiolita ha encontrado una segunda juventud. Ser un gran amigo de la nanotecnología, de los materiales avanzados, de los catalizadores industriales.
Y el negocio cambia bastante cuando una materia prima pasa de servir para llenar estanterías de supermercados a colarse en conversaciones sobre innovación tecnológica, autonomía industrial europea y competencia global.
La sepiolita es escasa, sepan. Pero no exclusiva de las Lagunas de Ambroz. Hay otros yacimientos en la Comunidad de Madrid donde podría extraerse sin tener que hacerlo a escasos metros de viviendas, colegios o en uno de los espacios naturales más valiosos del este de la capital.
¿Por qué ahora?
Los vecinos no se lo explican. Lo cierto es que la mina que la Comunidad quiere reabrir no nace de una nueva concesión. Nace de una concesión otorgada en 1977, cuando España aún esperaba celebrar sus primeras elecciones democráticas ese año.
Los barrios que hoy rodean Ambroz ni siquiera tenían la dimensión actual. Las lagunas no existían. Nadie había catalogado las más de 1.700 especies que hoy habitan el entorno. Conceptos como biodiversidad, refugio climático o corredor ecológico ni siquiera formaban parte del debate público.
Entonces, explotar la mina en ese punto parecía tener cierta lógica. Pero esa autorización, nacida hace casi medio siglo en las circunstancias descritas, sirve ahora como base jurídica para justificar la reapertura a pesar de que legalmente expiró en 2007.
Fue precisamente entonces cuando cesó la actividad minera y comenzó la recuperación natural del espacio.
Las "mentiras" del Gobierno de Ayuso y Almeida
Por todo ello, Más Madrid ha presentado ante la Fiscalía una denuncia que pone el foco en lo que considera una cadena de decisiones administrativas injustificables a la vista de lo que hoy son las Lagunas de Ambroz. La formación acusa a la Comunidad de Madrid de haber impulsado la reapertura de la mina apoyándose en una fotografía del territorio que ya no existe y al Gobierno de Almeida de no haberlo impedido.
Sostiene que la autorización ignora la evolución ambiental experimentada por el enclave durante los últimos 20 años y que no valora adecuadamente el impacto que tendría volver a introducir actividad minera en un espacio donde se han identificado más de 1.700 especies.
Uno de los argumentos que más irrita a vecinos y oposición es la idea repetida por el Gobierno regional de que la explotación se encuentra alejada de núcleos habitados. Basta recorrer el entorno durante unos minutos para encontrarse con viviendas, colegios, parques infantiles y miles de vecinos que conviven a escasa distancia del perímetro minero.
Desde la Comunidad de Madrid rechazan las acusaciones. El consejero de Medio Ambiente, Carlos Novillo, sostiene que la explotación está amparada por la Ley de Minas y acusa a Más Madrid de actuar "de cara a la galería".
El PSOE también ha pedido explicaciones tanto al Gobierno de Isabel Díaz Ayuso como al Ayuntamiento de José Luis Martínez-Almeida. Los socialistas consideran incompatible la reapertura de la explotación con los planes de renaturalización y protección ambiental planteados durante años para esta zona del este de Madrid.
Y ahí está precisamente la contradicción que ha convertido Ambroz en uno de los conflictos ambientales más incómodos para la Comunidad de Madrid.
Porque durante años distintas administraciones destacaron el valor ecológico de estas lagunas. Porque durante años se habló de corredores verdes, de biodiversidad y de recuperación ambiental. Y porque mientras todo eso ocurría, la naturaleza hizo exactamente lo que se esperaba de ella: recuperarse de las manos del hombre.