Hemeroteca de El Intermedio

No todos los papas son como León XIV: Mikel Herrán recuerda cuando "fomentaban el antisemitismo y el odio para ganar poder"

En una entrega de 'Está todo inventado' que ahora recupera El Intermedio, Mikel Herrán explicaba cómo durante siglos la Iglesia tuvo "papas reaccionarios, sanguinarios, asesinos y fanáticos".

Francisco I, León XIV... los últimos papas hablan de los derechos humanos y combaten la intolerancia, pero no siempre ha sido así. A lo largo de los siglos, hubo pontífices que más que siervos de Dios parecían mercenarios de Sauron.

Es lo que Mikel Herrán contaba en su sección 'Está todo inventado', donde recordaba que en los últimos 2.000 años "ha habido papas reaccionarios, sanguinarios, asesinos y fanáticos".

El historiador partía desde la Primera Cruzada que fue proclamada por el Papa Urbano II en el 1095: "En vez de decir 'hay que acoger a los inmigrantes que vienen aquí', decía 'hay que viajar armados hasta los dientes miles de kilómetros y obligar a la gente de allí a pensar y vivir como nosotros'".

A cambio, ofrecía a los cruzados una indulgencia plenaria, o la remisión de todos los pecados, teniendo en cuenta que quienes participaban en la cruzada iban a robar, saquear y matar.

También había cruzadas "de kilómetro cero", como la que proclamó el papa Inocencio III contra los cátaros. Se libró en el sur de Francia y en los Pirineos y, explicaba Mikel, "ha sido considerada un genocidio por algunos historiadores y académicos, incluyendo el que acuñó el término de genocidio". En 35 años, se calcula que unos 200.000 cátaros fueron masacrados.

Una cuestión de poder

Todo esto no era solo una cuestión de fe o intransigencia, ya que tal y como apuntaba el historiador "durante siglos el papado ha afianzado su poder a base de sembrar la discordia y la intolerancia". Durante la Edad Media, el papa tenía sus dominios como cualquier señor y "no era raro que entrase en peleas con los reyes de la cristiandad".

En esos reinos, judíos y musulmanes eran súbditos directos del rey, al que pagaban impuestos que no iban a la Iglesia. De este modo, el papado "fomentó el antisemitismo y el odio para ganar poder, dividiendo el mundo entre cristianos y no cristianos", apuntaba Mikel. De este modo, Inocencio III también decretó que musulmanes y judíos tenían que llevar marcas en el vestido para señalarles.

Si un rey no hacía lo suficiente para erradicar la herejía, el papa tenía una herramienta para amenazarle: la excomunión. Gregorio IX lo utilizó con el rey de Hungría, que cuando se negó a expulsar a los judíos y musulmanes que tenía trabajando en la administración, fue excomulgado. En aquella época, señalaba Mikel, eso "era una putada gorda, porque significaba que tus nobles no tenían obligación de obedecerte y podían rebelarse".

Finalmente, Andrés II cumplió la orden, igual que sus sucesores, y poco a poco la situación de los judíos en Hungría fue empeorando hasta acabar con su expulsión.

Esta situación se dio por toda Europa, donde la Iglesia animaba a desconfiar del que rezaba diferente. Por ello, Mikel celebraba que "el papado haya cambiado con el tiempo su política con respecto a la migración": "A ver si para dentro de otro par de siglos se animan en lo de condenar las terapias de conversión", sentenciaba.

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