Pesimismo y optimismo

Cambio de relato, pretensiones MAGA y algo más que uranio: la nueva amenaza de Trump deja la guerra en Irán entre el acuerdo o la destrucción total

Los detalles El presidente de Estados Unidos (EEUU) ha vuelto este lunes a lanzar un órdago a Teherán: "Si no hay acuerdo destruiremos sus centrales eléctricas, pozos petrolíferos y la isla de Jarg".

Una Luna Nueva llegará los próximos 17 y 18 de abril. Por eso, son dos jornadas respecto a las que los expertos apuntan como decisivas, ya que podrían cambiar la historia de la guerra en Irán. Entonces, la oscuridad será absoluta en el estrecho de Ormuz, permitiendo a Estados Unidos (EEUU) asestar su "golpe final". La opción que parece tener más papeletas es la invasión de la isla de Jarg.

Precisamente, este lunes el presidente estadounidense, Donald Trump, ha lanzado un nuevo órdago: "Si no hay acuerdo destruiremos sus centrales eléctricas, pozos petrolíferos y la isla de Jarg". En definitiva, la apuesta del republicano se reduce a acuerdo o destrucción total. Todo un punto de inflexión en el que hay tanto argumentos para pensar en el desastre, como para confiar en que haya acuerdo. De hecho, la Casa Blanca ha asegurado que Teherán ya habría aceptado parte del plan de 15 puntos ofrecido por Washington.

Primero, porque Trump ha cambiado el relato. Donde antes habría una necesidad de cambiar de régimen y un deseo de controlar el uranio iraní, ahora hay un régimen que ya ha cambiado. Si bien sus ataques junto a Israel lograron acabar con Ali Jamenei, lo ha sucedido su hijo. Además, el poder continúa en manos de los ayatolás, mientras que no hay ningún viso de vayan a caer. Vender a la opinión pública ese cambio, podría ser una manera de preparar una salida honrosa .

JD Vance y los MAGA, contra la guerra

En segundo lugar como resquicio que lleva al optimismo, es que el hombre elegido de su Administración para negociar es su vicepresidente, JD Vance. Algo fundamental, puesto es un líder MAGA, de los más radicales y, por tanto, de los más respetados por este electorado ultra. Ellos defienden que hay que terminar con las guerras en el extranjero, pudiende ser un buen argumento para pensar que querrá cerrar la guerra rápido.

Eso sí, hay un tercero. Se trata del guiño de Irán que Trump ha admitido como un gesto de buena voluntad. Se trata de ese regalo, en forma de permiso a 20 petroleros para pasar por el estrecho de Ormuz. De esta manera, cabe preguntarse si este podría ser un paso previo a reabrir este punto estratégico o, incluso, a una desescalada.

Trump necesita algo más que uranio

Son tres argumentos que apuntan al optimismo, pero hay otros que hacen ganar fuerza al pesimismo. Y es que Irán siente que las dos últimas veces que ha negociado con EEUU le han engañado, ya que en ambas ocasiones fueron bombardeados. Es por ello que Irán exige que EEUU pague lo que ha destrozado y lo que lleva a pensar que Teherán no aceptaría parar la guerra sin más. Quiere dinero.

Además, Trump está obligado a sacar algo de lo que él mismo definió como una "excursión" en Irán. La razón es que las negociaciones previas a los ataques iban por buen camino, al estar dispuesto Irán a ceder el uranio. Por eso, ahora Trump tiene que lograr algo más que justifique un mes de bombardeos y muertes.

Algo que ha llevado al experto Mario Saavedra a plantear este lunes en Al Rojo Vivo que quizás el republicano esté pensando en un gran desembarco, ya que se trataría de una imagen icónica para la historia, como la del 'Día D' en Normandía. Una acción que le permitiría controlar la isla estratégica de Jarg, pudiendo así vender a su electorado una pequeña victoria con la que jutificar su salida de la guerra si fuese necesario.

Las desalinizadores, en el punto de mira

Hay otro asunto que lleva al pesismismo, que es el de un nuevo elemento que ha incluido en su nueva amenaza y que hasta ahora parecía intocable. Se trata de posibles ataques a desalinizadoras. Algo que sería ilegal, al constituir un crimen de guerra ante la posibilidad de provocar una catástrofe de dimensiones desconocidas.

Por un lado, porque millones de personas en Irán necesitan esas desalinizadoras para algo tan primario como beber, pudiendo derivar en una crisis humanitarias. Pero el agua también es necesaria para la agricultura y la producción de alimentos, abriendo la puerta a una hambruna. A todo ello se suma su esencialidad para la higiene. Sin agua desalinizada es más que probable que Teherán tenga que enfrentar una crisis sanitaria. En definitiba, son las horas decisivas que marcarán el destino de esta guerra. Y que tendrán consecuencias en nuestros próximos años.

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