Tuvo que volver a empezar de cero

"Dormíamos en un colchón en el suelo en un piso de Barcelona": el "fracaso" de Manuel Carrasco tras quedar segundo en Operación Triunfo

Manuel Carrasco hace balance de su paso por Operación Triunfo, hace ahora casi 24 años, en Lo de Évole, y asegura que no volvería a pasar por una experiencia así. Las luces fueron muchas, pero las sombras enturbiaron sus comienzos en la música.

Desde la distancia que da el tiempo y con Londres como telón de fondo, Manuel Carrasco vuelve al punto exacto en el que todo cambió. Sentado frente a Jordi Évole, en el arranque de la nueva temporada de Lo de Évole, el cantante repasa sin filtros el origen de su carrera pública, una historia que comenzó de forma abrupta en 2002, cuando se presentó a Operación Triunfo 2 sin haber pisado antes un plató de televisión. Era su primera vez ante una cámara, nunca había pasado por Canal Sur ni por ningún otro programa, aunque sabía perfectamente dónde se metía: había visto OT 1, conocía el fenómeno y era consciente de la repercusión que podía tener.

Aun así, el miedo estaba ahí. Mucho. Él mismo lo reconoce cuando recuerda aquel casting y aquellos días previos al concurso. Entonces, explica, el programa fue para él "como un salvavidas en medio del océano cuando te estás medio ahogando". No porque buscara fama, sino porque sentía que, si no daba un golpe así de fuerte, nunca se atrevería a salir de su entorno ni a traspasar las fronteras de su pueblo. Tenía actitud, cantaba, componía y dirigía agrupaciones con sus amigos, pero también muchas inseguridades y la certeza de que, de otro modo, no se lanzaría.

El problema llegó después. Cuando el foco se apagó y el concurso terminó, Carrasco empezó a entender que la historia no era tan luminosa como parecía desde fuera. "Yo creo que nadie que sale de un programa así, por lo menos en mi época, sale bien del todo realmente", afirma ahora. De pronto pasó de cantar ante miles de personas en una gira conjunta a enfrentarse a conciertos en solitario con apenas unos cientos de asistentes, sin comprender qué había cambiado ni dónde estaba su sitio. Ahí tomó conciencia de una diferencia que marcaría su carrera: "una cosa es la parte mediática y otra cosa es una carrera musical".

Las luces y las sombras de OT

Durante aquellos primeros años, Carrasco admite que se creyó el relato del éxito tal y como se lo contaron. Aceptó las condiciones porque pensaba que era el peaje necesario para cumplir su sueño y firmó, como todos sus compañeros, un contrato de cinco años. Con el tiempo ha llegado a la conclusión de que fue el único de su edición que lo cumplió íntegramente, no tanto por convicción como por falta de información y asesoramiento. "Yo no me quejaba porque no tenía ni puñetera idea", resume.

Otros concursantes estaban mejor aconsejados; él no. Le daban las cosas hechas, apenas tenía margen de decisión y llegó a pensar que sus propias canciones no estaban a la altura. "De hecho, yo en un principio, que yo ya tenía canciones hechas, yo me pensaba -yo era bien pensado, yo siempre he sido bien pensado- y yo decía: 'Lo mío tampoco es tan bueno. Voy a esperar a que me den, porque seguro lo mío no es tan bueno'". El problema surgió cuando lo que le entregaban no le convencía. Algunas canciones no conectaban con él y ahí comenzaron los primeros enfrentamientos. Quejarse le convirtió en alguien incómodo, aunque seguía siendo rentable.

Tras muchas discusiones, logró incluir temas propios en su primer disco, pero tuvo que aceptar otros con los que no comulgaba. Aquella etapa la vivió lejos de casa.

En lugar de regresar a su pueblo, se quedó en Barcelona, compartiendo piso con un compañero de edición -Joan Tena-, durmiendo en un colchón en el suelo, sin sábanas y con ropa que le regalaban. Reconoce que estaba desorientado, sin saber muy bien dónde estaba ni cómo manejar aquella nueva vida.

Hoy, con perspectiva, el balance también incluye pérdidas difíciles de asumir: "Todos mis primeros discos, todas mis primeras canciones, siendo el autor completo de las canciones, la mitad de los derechos de las canciones no son míos".

Lo que pasó después de OT 2002

En aquella edición coincidió con artistas como Beth, Elena Gadel, Joan Tena o Miguel Nández, además de Vega, a quien Jordi Évole profesa una especial admiración. Carrasco coincide con esa visión y la define como un ejemplo de resistencia y resiliencia, alguien con quien comparte haber probado tanto el éxito como su cara más dura. "Hemos vivido una etapa. Hemos bebido de las mieles del éxito y también de la parte más cruda. Y ahí nos entendemos, ahí nos conectamos", explica.

Con todo lo vivido, tiene claro que no repetiría la experiencia. "Sabiendo lo que sé ahora, no". Cuando Évole le pregunta si habría llegado igual de lejos sin Operación Triunfo, Carrasco recuerda el contraste brutal entre el antes y el después: salir del programa cantando para miles de personas y, poco después, actuar como solista ante un público muy reducido, de 300 personas, sin entender nada y sintiendo que tenía que empezar de cero.

Nunca volvió a su pueblo en aquel momento porque no quería regresar con la sensación de haber fracasado. De Barcelona conserva recuerdos luminosos, pero también una tristeza silenciosa de aquellos primeros años, marcada por la confusión y la soledad. Un poso que, dos décadas después, sigue formando parte del relato de cómo se construyó el artista que es hoy.

*Sigue a laSexta en Google. Toda la actualidad y el mejor contenido aquí.