Un cirujano peruano le salvó la vida

"Tengo heridas de torero en cuerpo de picador": Manu Sánchez, sobre las cicatrices tras su última operación a vida o muerte

El humorista Manu Sánchez, protagonista de este programa tan especial de Lo de Évole, desvela con gracia e ironía fina cómo son las cicatrices que el cáncer ha dejado en su cuerpo.

Más de 2.000 personas llenan el Cartuja Center CITE para asistir a un encuentro difícil de clasificar, entre la entrevista, el espectáculo y la conversación íntima a la vez. Las cámaras de Lo de Évole recogen una noche distinta, la primera del formato grabada con público en directo, en la que Manu Sánchezhabla sin tapujos del cáncer.

El humorista y comunicador andaluz, referente del humor comprometido y la crítica social, habla sin rodeos de la enfermedad de la que aún se está tratando. Fiel a su estilo, mezcla reflexión y carcajada. "En la última operación a vida o muerte", recuerda, los médicos le dejaron "el abdomen microscópicamente limpio", aunque -matiza entre risas- la barriga quedó "macroscópicamente coja".

La intervención tuvo lugar en el Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid, donde fue operado durante 16 horas. Manu quiere detenerse en el nombre del cirujano que le salvó la vida: el doctor Wenceslao Vázquez, peruano. "Chúpate esa, Donald Trump", lanza, antes de rematar el chiste: "Lo de la inmigración hay que pararlo. Están viniendo de fuera a quitarnos nuestros tumores". El teatro estalla en risas y aplausos.

Entre el público se encuentran, entre otros, el presidente andaluz Juanma Moreno, la vicepresidenta primera del Gobierno María Jesús Montero y el sindicalista Diego Cañamero, que escuchan a un Manu que no renuncia a definirse como defensor del "socialismo de yate y chalé".

Pero más allá de la broma política, el relato regresa una y otra vez al quirófano. Tras despertar de la operación, explica, fue a hablar con el cirujano. "Manu, te hemos dejado el abdomen microscópicamente limpio", le dijeron. Y él respondió con otra pregunta: "Doctor, ¿los que me han limpiado por dentro microscópicamente son los mismos que me han cosido por fuera macroscópicamente?".

"Aquí había medio ombligo. Era buena pista para haber puesto el otro medio al lado, ¿no?", se queja. Y es que le dejaron "la barriga coja una cuarta. No un botón; tres botones". Y, fiel a su estilo deslenguado, remató ante el médico: "Microscópicamente impecable. Macroscópicamente, pa' cagarse en vuestra puta madre".

La noche avanza entre confesiones y carcajadas. "Tengo heridas de torero en cuerpo de picador", resume para describir las cicatrices que le ha dejado el proceso

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