Salvados
"¿De qué sirve la medalla?": Almudena Cid denuncia junto a Romay y Lola Fernández Ochoa el abandono a los deportistas cuando se retiran
El contexto La gimnasta pone el foco en las dificultades que afrontan los deportistas cuando dejan la competición y en la falta de cotización durante sus carreras. Cid reivindica ante Gonzo una jubilación justa junto a otros olímpicos españoles.
Resumen IA supervisado
El deporte de élite exige sacrificios, pero tras la retirada, muchos atletas enfrentan soledad y precariedad económica. Almudena Cid, exgimnasta española, ilustra esta realidad. A pesar de su éxito, sufrió secuelas físicas, como una prótesis de cadera a los 43 años, y abandono institucional. La falta de apoyo tras la retirada es común, como denuncia Nuria Cabanillas, apartada del equipo a los 19 años. Además, muchos deportistas no cotizan lo suficiente para una jubilación digna. Cid y otros luchan por un reconocimiento justo de sus años de esfuerzo, destacando la necesidad de apoyo psicológico para afrontar la transición a la vida post-deportiva.
* Resumen supervisado por periodistas.
Años de sacrificio, disciplina y renuncias para alcanzar la gloria olímpica. Es lo que exige el deporte de élite. Sin embargo, cuando terminan las competiciones, muchos deportistas se ven en la más absoluta soledad. Es en el momento en el que descubren que todas las medallas del mundo no te garantizan un futuro estable, ni siquiera en lo económico. Eso es algo que sabe bien Almudena Cid. La exgimnasta acude al fisioterapeuta del Centro de Alto Rendimiento de Madrid para continuar con su recuperación y Salvados la acompaña. Gonzo aborda con ella esta realidad que le ha golpeado fuertemente desde su retirada.
Ella, una de las gimnastas españolas más reconocidas (llegó a estar entre las ocho mejores del mundo) y otros exdeportistas olímpicos denuncian las consecuencias físicas, laborales y emocionales de una retirada que hace que, en demasiadas ocasiones, caigan en el más absoluto de los olvidos, en todos los sentidos.
Cid continúa a diario trabajando en su recuperación. "El deporte de élite te deja secuelas y patologías de por vida", reconoce. En su caso, tenía el labrum roto desde hacía 20 años.
La lesión terminó agravándose hasta el punto de que, en 2023, los médicos le comunicaron que tenían que ponerle una prótesis de cadera. "¿Yo, prótesis, con 43 años? No", se negaba. Finalmente, tuvo que pasar por quirófano y recibió una prótesis de cadera de cuatro componentes. "Tengo un Ferrari en mi cadera, no pita en el aeropuerto", bromea.
Pero detrás de esa explicación que hoy desgrana con humor también hubo miedo e incertidumbre. Al recordarlo durante la conversación con Gonzo, no puede contener las lágrimas. "Pensaba que esto no me afectaba, pero sí", reconoce. "Yo daba por hecho que había muchas cosas que no iba a volver a hacer", admite. Para su suerte, no ha sido así.
"¿No me han cuidado? No pasa nada"
La recuperación le ha hecho reflexionar sobre la falta de responsabilidad de las instituciones deportivas y del sistema con las lesiones que sufren los atletas durante su carrera. "¿No me han cuidado? No pasa nada. ¿No se han responsabilizado? No pasa nada", resume. "En mi época, tú te retirabas y nadie hace un seguimiento de tus patologías", comenta. Ni siquiera la han llamado de la Federación tras la operación, lamenta.
Su relación con el dolor durante la competición también estuvo marcada por una exigencia que ahora reconoce como "insana". En Sídney 2000 compitió con el menisco roto, una lesión que había sufrido seis meses antes. La primera vez que salió a competir lesionada tenía apenas 12 años. Se había roto el quinto metatarsiano y su entrenadora le propuso infiltrarle el pie para poder participar. Terminó como subcampeona de España.
Cid dejó su casa para instalarse en Madrid cuando solo tenía 14 años. "Lo que eché de menos es el beso de buenas noches, de mi madre y de mi padre", cuenta. Compartía habitación con Nuria Cabanillas, con quien lloraba cuando sus padres se marchaban después de visitarlas.
La exgimnasta no considera que perdiera su infancia, aunque sí reconoce que vivió una adolescencia diferente a la de otras chicas de su edad. "Pero no cambiaría mi vida", asegura. También recuerda que sus padres no podían acudir a verla todas las semanas por motivos económicos. Su padre trabajaba poniendo ventanas de aluminio y su madre cuidaba de los tres hijos.
20 años después, llego la retirada... y también tiene consecuencias económicas inmediatas. Cid explica que las becas que reciben los deportistas dependen de sus resultados y desaparecen cuando dejan de competir. En su caso, la despedida del tapiz en Pekín tuvo un coste concreto: por el diploma olímpico le correspondían 18.000 euros para la temporada siguiente.
También recuerda las condiciones de entrenamiento de aquella época. Las gimnastas tenían un menú establecido y debían cumplir un peso determinado. Una estricta disciplina que venía directamente de la Unión Soviética.
Cabanillas, apartada y olvidada a los 19
Salvados cuenta también con el testimonio de Nuria Cabanillas, quien fuera su compañera de habitación. La campeona olímpica de Atlanta 96 recuerda que con 19 años se encontró de repente con una sensación de abandono cuando la "apartaron" del equipo porque su cuerpo había cambiado y tenía "sus formas". "¿Ya no soy nadie para esta gente? ¿Cómo puede ser que gente que ha estado 24 horas del día no me llamen por teléfono, no se preocupen en cómo estoy?", se pregunta aún hoy en día, 26 años después de su retirada.
Ella fue una de las pioneras en denunciar esta situación. Con 21 años se presentó en el Senado para dejar claro qué era lo que estaba ocurriendo. "Has estado dando todo lo que tenías y luego acabas y no tienes absolutamente nada", les decía a los senadores, como recuerda Gonzo gracias a un audio de aquella intervención.
En el homenaje del Comité Olímpico Español (COE) a los participantes en Atlanta 96, Cid, acompañada por las cámaras de Salvados, se reencuentra con antiguos compañeros y deportistas. La exgimnasta celebra este evento ya que, explica, aunque durante la competición cada uno está centrado en su propio rendimiento, "en el dolor de la retirada todos somos iguales".
Por los pasillos, la conversación pronto se centra en la reivindicación por una jubilación justa que impulsa Cid. Pablo Usoz, plata en hockey hierba, cuenta que no alcanzará los años de cotización necesarios; Valentí Massana, bronce en marcha atlética, calcula que le faltarán cuatro años y medio cuando se jubile; Fermín Cacho, campeón olímpico en Barcelona 1992 y subcampeón en Atlanta 1996, recuerda que durante su carrera no cotizaba; Pedro García Aguado, oro en waterpolo en Atlanta y plata en Barcelona, calcula que tendrá que trabajar hasta los 80 años para cobrar el 100 % de la pensión; y María Peláez, campeona de Europa de natación en 1997, explica que dejó la competición con casi 34 años porque no podía vivir de la natación y no estaba cotizando.
La lucha por una jubilación justa
Y es que muchos deportistas llegan a la edad de jubilación sin haber cotizado los años necesarios, después de haber dedicado buena parte de su vida a representar a España en competiciones internacionales. Todos saben ya que Cid ha convertido esta situación en una de sus principales reivindicaciones. Junto a Lola Fernández Ochoa, quien también interviene en el programa de laSexta, y otros deportistas, participa en el movimiento por una jubilación justa que busca que los años dedicados al deporte de élite tengan un reconocimiento en la vida laboral.
La iniciativa nació después del suicidio de Blanca Fernández Ochoa, hermana de Lola, al igual que la Fundación Blanca. "Yo siento que el motor de esta actividad, de esta acción, de esta reivindicación, que fue la llamada a Lola, fue por Blanca", explica la gimnasta. A partir de ahí, comenzaron a trabajar con la abogada de Derecho Deportivo María Laffitte y con el apoyo de UGT.
Fernando Romay, medallista olímpico con la selección española de baloncesto en Los Ángeles 84, se suma también a esta conversación y explica que, a sus 66 años, puede jubilarse, pero no cobrar el 100 % de la pensión que le correspondería. También recuerda el caso de compañeros de aquella selección histórica que nos llevó a la gloria que se encuentran en situaciones similares. Gonzo menciona las declaraciones de Juan de la Cruz, que llegó a afirmar que le daban ganas de "devolver la medalla de plata".
La reivindicación de todos ellos es clara y la verbaliza Cid: "Que tu historial de vida y ese esfuerzo aparezca reflejado de alguna forma en tu vida laboral y que no te lo recuerden solo las lesiones".
Lola Fernández Ochoa denuncia que la precariedad no es solo un problema de generaciones anteriores, sino que continúa afectando a los deportistas que siguen compitiendo actualmente. Aunque las federaciones deciden quién forma parte de los equipos nacionales, organizan las concentraciones y establecen las competiciones, no asumen las obligaciones laborales de quienes representan al país.
"El deportista trabaja, ejerce su profesión y nadie cotiza por él", explica Lola. En su opinión, muchos deportistas terminan funcionando como "falsos autónomos". Para ella, el problema está en el sistema y en la Ley del Deporte: "Las federaciones no tienen la culpa. ¿Quién tiene la culpa? El sistema. La Ley del Deporte".
Todos los grupos políticos se mostraron favorables a buscar una solución y también les respaldan los Sindicatos y la Seguridad Social, que no sabían nada de esta situación y se han mostrado sorprendidos al conocerla. Aunque recientemente se ha aprobado un Real Decreto que aborda el problema de las cotizaciones de los deportistas profesionales, los deportistas consideran que todavía queda mucho trabajo por hacer.
La propia Almudena explica que ahora están centrados en una segunda fase, especialmente importante para los deportistas que recibieron becas "irrisorias" durante su carrera. Reclama que puedan estar protegidos frente a las lesiones y que tengan cobertura social una vez retirados.
La retirada, una crisis de identidad
Más allá de las cotizaciones, Romay, Cid y Lola Fernández Ochoa coinciden en que la transición a la vida después del deporte necesita acompañamiento. La gimnasta describe la retirada como una "crisis de identidad": "El deportista cree que en ese momento se va todo su ser. Y es mentira, no es real".
Lola Fernández Ochoa coincide en que el vacío puede ser enorme. "Una vez que te retiras, al día siguiente no tienes nada, no tienes paro, no tienes nada", explica. Por eso reclama que las federaciones no se limiten a ofrecer psicólogos deportivos para "mejorar el rendimiento", sino que también proporcionen herramientas para afrontar el final de la carrera y "facilitar la integración en la sociedad civil".
La Fundación Blanca, creada tras la muerte de Blanca Fernández Ochoa, trabaja precisamente en esa dirección. Lola destaca que muchos deportistas guardan sus medallas en cajones, lejos de los focos y de la admiración que recibieron durante sus años de competición. De hecho, su hermana Blanca llegó a guardar las suyas en una caja de cartón con una inscripción que Lola conserva enmarcada: "Medallas de los cojones".