Agricultura regenerativa

El campo busca independencia ante la crisis global de fertilizantes tras el bloqueo de Ormuz

Por esa franja marítima pasa cerca del 30% de los fertilizantes del mundo, muchos de ellos derivados del petróleo pero cuando los buques no pueden navegar con normalidad, el impacto será directo: abonar artificialmente los cultivos se volverá cada vez más caro.

El estrecho de Ormuz está a miles de kilómetros de España, pero lo que ocurre allí ya se siente en el campo y más después de la guerra desatada en Irán el pasado 28 de febrero. Por esa franja marítima pasa cerca del 30% de los fertilizantes del mundo, muchos de ellos derivados del petróleo pero cuando los buques no pueden navegar con normalidad, el impacto será directo: abonar artificialmente los cultivos se volverá cada vez más caro.

Por su parte, el Gobierno ya ha tenido que intervenir y el ministro de Agricultura, Luis Planas, anunció un paquete de ayudas de 500 millones de euros para compensar el sobrecoste de los fertilizantes, es decir, 22 euros por hectárea de secano y 55 en regadío.

Sin embargo, los grandes distribuidores de alimentos ya advierten de que la cesta de la compra seguirá encareciéndose. La dependencia exterior, especialmente de productos vinculados al petróleo, deja al sistema agrícola europeo en una posición vulnerable.

Por eso, cada vez suena con más fuerza una idea, la de lograr una mayor soberanía. En un campo de nogales que parece más un ecosistema natural que una explotación agrícola tradicional, Miguel Ángel Gutiérrez lleva años probando otra forma de trabajar la tierra, la agricultura regenerativa.

Su objetivo es simple, pero rompe con décadas de modelo agrícola, depender menos de fertilizantes artificiales. "Veíamos que los costes no paraban de subir y que la rentabilidad bajaba. Probamos cosas que no funcionaban hasta que apostamos por un cambio", explica.

Este modelo reduce costes y dependencia, y pese a que la transición no fue inmediata y que le llevó entre cuatro y cinco años, los resultados han llegado. Ahora, su finca está cubierta de vegetación, flores y vida convirtiéndose en entorno que no solo es más sostenible, sino también más eficiente.

Gracias a este sistema, Miguel Ángel ha conseguido reducir un 50% el uso de fertilizantes y entre un 20% y un 30% el consumo de agua. Daniel Iraberri, consultor en agricultura regenerativa, colaborador en Hope!, dice que tienden "a pensar que para que las plantas crezcan, hay que echarles fertilizantes, porque sin fertilizantes no hay agricultura, por cómo hacemos agricultura". 

"Pero en condiciones naturales las plantas crecen sin fertilizantes, es decir, si hablamos de fertilizantes, hablamos del nitrógeno, fósforo y potasio. Las plantas lo obtienen de manera natural a través de sus recursos naturales", agrega.

Eso sí, los beneficios no son solo económicos y es que Miguel Ángel también ha notado cómo su finca resiste mejor fenómenos extremos. Antes, las lluvias torrenciales inundaban el terreno y ahora, la cubierta vegetal actúa como una esponja.

La gran pregunta es si este tipo de agricultura puede extenderse y por su parte, los expertos lo tienen claro: . Existen ya experiencias en explotaciones de enorme tamaño, incluso de decenas de miles de hectáreas.

Irraberri agrega que quiere "creer que lo que está pasando en Irán puede ser un poco como el canario en la mina, puede ser un poco como la señal que nos dice que este sistema es demasiado frágil y que estamos a tiempo de empezar a cambiarlo para no depender del potasio de Israel, del nitrógeno que viene de estrecho de Ormuz o del fósforo que llega de Marruecos": "Al final, es nuestra comida y es lo más importante para estar vivos, depende de estos instrumentos externos, pues estamos vendidos". 

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