laSexta Columna

La huelga de inquilinos, ya la has visto

El contexto Como con Maricarmen, hace más de un siglo, casos particulares de inquilinos acabaron cambiando la legislación de vivienda. De hecho, a los pocos días de empezar la República en 1931 explotó la primera gran huelga de alquileres. De aquellas reivindicaciones se pueden sacar apuntes para el futuro próximo.

"Un grupo nutridísimo" de varias inquilinas se presentan en la Puerta del Sol "llevando en brazos a sus pequeñuelos". Viven en los números 102, 104 y 106 de la calle Embajadores, en Madrid. Protestan contra Francisca Fernández, una casera que no tiene un fondo buitre, pero que ha subido "los alquileres tres veces durante dos años". La noticia es de 1920, pero el contexto de la época es clavadito al actual.

Entonces los pisos no se ofertaban en Idealista, pero las subidas de precios sí aparecían en el periódico El Socialista. Donde se describía aquella "manifestación femenil" frente a Gobernación como un episodio no precisamente aislado: "La mayoría de los dueños de fincas ha elevado enormemente el precio de arrendamiento de cuartuchos miserables".

Publicación de El Socialista que recoge la protesta de 1920laSexta Columna

El historiador Julián Vadillo recuerda que aquellas movilizaciones consiguen "arrancar algunas leyes de vivienda por parte de distintos gobiernos". Y cita, por ejemplo, que en 1920 se aprobó el Real Decreto Bugallal, que intentaba frenar el abuso por parte de los propietarios a través del control de precios, evitando desahucios y promoviendo la construcción de vivienda pública.

"No es que el Gobierno por una ciencia infusa concediese una ley de vivienda o defendiera que había un abuso por parte de los propietarios, es que hay un movimiento obrero y un movimiento social detrás que va a motivar a que el Gobierno intente tomar cartas en el asunto", explica Vadillo. De hecho, la ley llevaba el nombre de Gabino Bugallal, ministro conservador y conde, defensor de la Ley de Fugas en la época del pistolerismo.

Unos años más tarde, con la República recién estrenada, la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) promueve una movilización general y con ese calor en la calle se produce la primera gran huelga de inquilinos. Piden que el alquiler no supere el 30% del salario y se niegan a pagar a sus caseros. "¿Qué hacían las fuerzas de la CNT y de los movimientos sociales? Se ponían delante de la casa para impedir a la fuerza del orden público desahuciar", explica Vadillo.

Aquella movilización se había calentado durante años. La anarcosindicalista CNT en 1919 ya había formado la Unión de Defensa de Inquilinos en Barcelona (la misma ciudad donde ha empezado ahora el Sindicat de Llogaters, pero en 2017). La población había crecido mucho, y casi todas las familias obreras vivían ahogadas por un alquiler que se llevaba un gran porcentaje de su jornal. También como ahora, vaya.

Hasta que en el barrio portuario de la Barceloneta prendió la chispa. Aquí no se paga más hasta que no baje el precio del alquiler, se propusieron cientos de emigrantes valencianos y aragoneses que trabajaban en la factoría de la Maquinista Terrestre y Marítima. Era cuestión de tiempo que el fuego inquilino se extendiera a otros barrios de una Barcelona repleta de fábricas y por lo tanto de obreros con ganas de vivir mejor.

Como ahora, las movilizaciones empezaron en los barrios, pero fue un sindicato obrero el que acabó impulsando la huelga en 1931. "La historia no se repite, pero rima. El sindicato de inquilinas actual pide que los alquileres no superen un porcentaje de los salarios, eso lo pedía la CNT en el año 31. El sindicato de inquilinas actúa por medio de una acción directa para enfrentarse a las fuerzas del orden público y a la banca, cosa que también hacían los sindicatos en los años 30", compara Vadillo.

Por supuesto, no todas las veces se conseguía parar el lanzamiento, pero "a partir de 1932 los propietarios comenzaron a renegociar los contratos con los inquilinos a la baja, porque eran conscientes de que, si echaban a todos a la calle, evidentemente ellos tampoco tenían ingresos sobre los que subsistir".

Entonces no hubo una victoria de los inquilinos clara. El problema no se arregló un día después de las protestas. Tampoco pasará ahora probablemente después de la muerte de Maricarmen. Pero conviene recordar que la lucha obrera es siempre heredera de una anterior. Y que los avances sociales, sin lucha, no llegan.

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