Batalla carlista
Manuel Martorell, sobre el líder carlista Carlos Hugo: "Tenía un carisma más democrático, hablaba de socialismo"
Arias Navarro creía que el carlismo podría representar una amenaza para la continuidad del sistema a través de la monarquía de Juan Carlos I.
Un cuadro presente en una de las salas más destacadas del Museo del Prado ayuda a entender el movimiento político de los sangrientos sucesos de Montejurra: el cuadro de Francisco de Goya 'La familia de Carlos V' en el que se puede ver al infante Carlos María Isidro.
El periodista Mariano Sánchez Soler expone que el carlismo nació por un problema sucesorio de los borbones. El infante, al crecer, reclamó la corona que había pasado de su hermano, Fernando VII, a su sobrina Isabel II.
"La dinastía carlista al principio defendía la legitimidad de ocupar el trono", añade el historiador Manuel Martorell. "Cuando muere Fernando VII se produce una reacción masiva, general, dentro de distintas capas que no aceptan la imposición de un nuevo sistema político y económico", añade.
Después, se produjeron una serie de guerras carlistas por la sucesión, entre 1833 y 1876. Con las mismas, los carlistas aspiraban a poder acceder al trono. Y, justo 100 años después, se produciría una de las últimas batallas. En la montaña de Montejurra, el pretendiente carlista, Carlos Hugo, avanzaba entre sus seguidores.
Martorell expone que, para Arias Navarro, interpretaba que el carlismo "podía ser una amenaza para la continuidad del sistema a través de la monarquía de Juan Carlos I". Y es que Carlos Hugo tenía "un carisma más democrático, hablaba de socialismo", recuerda Jose Mari Esparza, testigo de los sucesos de Montejurra.
Así, algunos movimientos carlistas, como indica Carlos Catalán, se posicionaban "en una actitud netamente antidictadura, que era una cosa que mucha gente, procedente del carlismo tradicional, no entendió". Y frente a ese líder carlista, alejado de Franco, unos ultras violentos, críticos con él, se presentaron en Montejurra con el objetivo de apoyar a su hermano Sixto, que no quería disputarle el trono a Juan Carlos I.
Esos pocos ultras eran una minoría frente a los miles de seguidores del Partido Carlista encabezado por el progresista Carlos Hugo. Martorell expone que ese grupo se apartó al no estar de acuerdo con la evolución democrática y progresista del Partido Carlista, "pero no formaban organizaciones importantes". No fue hasta mediados de 1975, como expone el historiador, cuando se produjeron las primeras reuniones de gente para presentar a alguien distinto a Carlos Hugo.