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¿Es seguro hacer deporte durante una ola de calor? Lo que recomiendan los expertos

Correr, montar en bicicleta o entrenar al aire libre sigue siendo posible en verano, pero el calor obliga a prestar atención a las señales del cuerpo.

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Con la llegada de las altas temperaturas y la primera ola de calor del año, muchos deportistas se hacen la misma pregunta: ¿es seguro seguir entrenando al aire libre? La respuesta es sí, pero con matices. Los expertos recuerdan que el calor supone una carga extra para el organismo, ya que durante el ejercicio el cuerpo debe trabajar más para mantener una temperatura adecuada mientras sigue suministrando energía a los músculos.

Por este motivo, actividades que normalmente resultan cómodas pueden volverse mucho más exigentes durante el verano. La fatiga aparece antes, aumenta la sensación de esfuerzo y el rendimiento puede verse reducido. Los especialistas recomiendan adaptar la intensidad, reducir el ritmo cuando sea necesario y prestar más atención a las sensaciones físicas que a los datos del reloj o la aplicación deportiva.

Uno de los errores más frecuentes es pensar que cuanto más se suda, mejor ha sido el entrenamiento. En realidad, el sudor es simplemente un mecanismo que utiliza el cuerpo para enfriarse y su cantidad depende de factores como la temperatura, la humedad, la ropa o el nivel de adaptación al calor. Además, sudar más no significa quemar más grasa ni eliminar más toxinas.

Ejercicio físico | Freepik

La hidratación también juega un papel fundamental. Lo ideal es comenzar el ejercicio bien hidratado y beber agua de forma regular, especialmente en sesiones largas o intensas. En algunos casos puede ser útil reponer también sales minerales y carbohidratos. Sin embargo, los expertos advierten de que beber agua en exceso tampoco es recomendable y que la hidratación debe ajustarse a las necesidades de cada persona.

Por último, los especialistas recuerdan que existen señales de alerta que nunca deben ignorarse. Mareos, dolor de cabeza intenso, náuseas, debilidad inusual, confusión o sensación de desmayo son síntomas que obligan a detener la actividad y buscar un lugar fresco. La clave, aseguran, no está en demostrar cuánto calor se puede soportar, sino en adaptar el entrenamiento a las condiciones ambientales para seguir practicando deporte de forma segura.