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SALUD
Uno de los principales problemas de este tipo de cáncer es su difícil detección precoz.
El cáncer de esófago se ha convertido en una creciente preocupación a nivel global. Recientemente, un equipo del Instituto Li Ka Shing para la Detección Temprana del Cáncer de la Universidad de Cambridge ha logrado una de las evidencias más sólidas hasta la fecha sobre su origen.
El estudio, publicado en Nature Medicine, confirma la relación entre este tumor y el esófago de Barrett, una afección causada por el reflujo gastroesofágico crónico que daña el revestimiento del esófago.
Uno de los principales problemas de este tipo de cáncer es su difícil detección precoz. En muchos casos, el diagnóstico llega en fases avanzadas, lo que reduce las opciones de tratamiento. De hecho, solo una parte de los pacientes presenta síntomas claros antes de ser diagnosticado, lo que complica aún más su identificación a tiempo.
Para profundizar en esta relación, los investigadores analizaron datos de más de 3.100 pacientes de 25 centros médicos del Reino Unido. Mediante técnicas de secuenciación genética, comprobaron que los tumores compartían características moleculares muy similares, independientemente de si el esófago de Barrett había sido detectado previamente o no.
Además, el estudio identificó biomarcadores clave presentes en todas las fases del cáncer. Este hallazgo abre la puerta a desarrollar pruebas más precisas y menos invasivas que permitan detectar el riesgo antes de que el tumor sea visible en pruebas como la endoscopia.
Los expertos subrayan que este avance podría ser clave para mejorar la supervivencia, al permitir identificar a los pacientes en riesgo y actuar antes de que la enfermedad progrese. Síntomas como dificultad para tragar, pérdida de peso, dolor en el pecho o ronquera siguen siendo señales de alerta.