SEGÚN UN ESTUDIO

Tener dificultades con las tareas cotidianas podría indicar un mayor riesgo de muerte

Una nueva investigación ha descubierto que quienes tenían más dificultades a la hora de realizar tareas cotidianas presentaban aproximadamente el doble de riesgo de muerte que quienes las hacían sin problema.

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Que una persona mayor empiece a necesitar ayuda para hacer la compra, administrar el dinero o tomar sus medicamentos puede parecer un cambio propio de la edad. Sin embargo, un estudio con más de 6.000 adultos en Corea del Sur ha encontrado que un deterioro progresivo en estas tareas se relaciona con un mayor riesgo de muerte.

Los investigadores analizaron a 6.033 personas de 45 años o más durante ocho años para estudiar las llamadas actividades instrumentales de la vida diaria. Estas incluyen tareas necesarias para mantener la independencia, como cocinar, utilizar el transporte, hacer la compra, gestionar las facturas o tomar correctamente la medicación.

La mayoría de los participantes, 5.757 personas, mantuvo pocas limitaciones durante el periodo estudiado. En cambio, 276 participantes fueron acumulando dificultades. En este último grupo, los investigadores observaron una mayor mortalidad durante el seguimiento.

Tras tener en cuenta factores como la edad, las enfermedades crónicas, los ingresos, la actividad física y la capacidad para realizar tareas básicas de autocuidado, las personas cuyas limitaciones habían aumentado presentaban aproximadamente el doble de riesgo de muerte que aquellas que mantenían un nivel bajo de dificultades.

El estudio también analizó los síntomas depresivos para comprobar si podían explicar parte de esta relación. Los participantes con un deterioro mayor en su capacidad para realizar tareas cotidianas presentaban más síntomas de depresión.

El análisis estadístico indicó que estos síntomas podrían explicar alrededor del 16% de la relación entre el deterioro funcional y la mortalidad. Es decir, la depresión parece ser una pieza más del problema, pero deja sin explicar la mayor parte de la asociación.

Los autores advierten de que el estudio no demuestra que perder independencia provoque una muerte prematura. También pueden existir otros factores, como la demencia, la fragilidad, problemas nutricionales, enfermedades no detectadas o el aislamiento social, que contribuyan tanto al deterioro funcional como al mayor riesgo de muerte.